- La imparcialidad, entendida como una determinación a no tomar parte, esto es, el objeto de su acción es el ser humano que necesita ayuda, independientemente de su raza, sexo, religión, ideología, bando, etc. No discrimina a las víctimas, y por lo tanto no prioriza la ayuda a aquellos que comparten sus mismas ideas y objetivos, convirtiéndose por tanto en una acción con características profundamente éticas. Las modernas organizaciones de ayuda humanitaria, a diferencia de la Cruz Roja Internacional, acompañan el principio de imparcialidad de un matiz de no neutralidad, considerando que no es posible ser neutral si eso significa equiparar a las víctimas con sus verdugos, rompiendo de esta manera con el silencio culpable y asumiendo así un compromiso de denuncia ante el mundo en defensa de los derechos conculcados a las víctimas.
- La universalidad, comprendida como la prevalencia del derecho de las víctimas a ser socorridas por encima de cualquier otra ley o norma nacional o internacional, incluidas las fronteras cuando estas dificultan el acceso de la ayuda a quienes la necesitan. Es en este principio donde encuentra sentido el auténtico derecho a la injerencia humanitaria tan vapuleado también por intereses espurios de ejércitos de gobiernos poderosos que esconden tras este título aviesas o inconfesables intenciones.
- La independencia, como un estado de conciencia que nunca pueden asumir quienes promueven las intervenciones militares, y que implica que la ayuda que se necesita no puede brindarla ni pagarla quienes tengan intereses distintos al puro socorro de las gentes necesitadas de la misma, y mucho menos quienes participen en la guerra. En este principio se fundamenta que la inmensa mayoría de las organizaciones de ayuda humanitaria que participan en el auxilio a las víctimas de la guerra de Irak hayan rehusado los fondos que el gobierno español ha puesto a disposición de las mismas. De la misma forma este principio evidentemente también invalida la denominación de ayuda humanitaria a las actuaciones del ejército español en aquél atormentado país.
- El consentimiento de las víctimas, como seres humanos con derechos y con dignidad, a quienes no es moral ponerles en la tesitura de tener que aceptar el socorro de quienes les han causado el gran padecimiento que sufren.
Es preciso desenmascarar este profundo fraude que se realiza sobre la ciudadanía bienintencionada y que insulta el más elemental entendimiento de las gentes. Se publica, por ejemplo, estos días en la prensa que el ejército de Indonesia después de infligir un serio correctivo militar en la provincia independentista de Aceh produciendo una gran tragedia humana entre la población civil, ha prohibido la intervención de organizaciones humanitarias independientes en la ayuda a la población civil desplazada de sus casas. El propio ejército ha asumido esforzadamente esa labor. ¿Alguien cree que la supuesta ayuda humanitaria que vaya a brindar ese ejército busca realmente como objetivo el socorro de las víctimas? ¿Alguien cree que vaya a ser independiente, no discriminatoria, imparcial o universal? Por supuesto que no. La denominada ayuda humanitaria que está dando el ejército indonesio será sin duda una herramienta más para su guerra, favoreciendo con ella a fieles y castigando a rebeldes, apropiándose indecentemente de un término y un concepto muy loable para intentar engañar al mundo sobre sus verdaderas intenciones y para generar más dolor y más sufrimiento.
Nadie podía aventurar hace unos años que quienes provocan las guerras y las injusticias iban a apropiarse de esta manera tan indigna de una terminología y una filosofía que tanto tienen que ver con la paz y con los derechos humanos, hasta llegar a darnos en nuestras propias narices con ellas para justificar lo injustificable y para hacer propaganda de todo lo contrario a lo que en realidad significan. Hasta tal punto que cada vez se hace más peligroso y difícil el trabajo de las auténticas organizaciones humanitarias independientes una vez que esa terminología se usa para justificar cualquier tropelía. Todo lo avanzado en años de trabajo serio y esforzado de miles de personas que trabajan en organizaciones humanitarias independientes puede desaparecer en cuanto la sospecha y la convicción de que todo es lo mismo prenda en el sentimiento de gran parte de la gente. Hará falta mucha pedagogía y mucho tiempo para desenmascarar esta patraña y para volver a situar en su lugar a un movimiento que nació de la mano de Henry Dunat, fundador de la Cruz Roja Internacional, tras la batalla de Solferino cuando desolado por la visión de miles de heridos abandonados a su suerte declaró que un soldado herido en una batalla deja de ser un soldado para convertirse simplemente en un hombre, y, como tal, toda la humanidad tiene obligaciones en su atención y en su supervivencia.
José Manuel Díaz Olalla
(Publicado en la Revista "Temas para el Debate", Junio 2003)













