lunes, 7 de julio de 2025

La criminalización de la cooperación médica internacional de Cuba: nuevo objetivo del imperialismo contra la Revolución

 

Fuente: cubaminrex

Ahora que la iniquidad en su máxima expresión quiere ensañarse con uno de los ejemplos más admirables de solidaridad de la Revolución Cubana con los pueblos del mundo y en especial con los más vulnerables, la cooperación médica internacional, ahora que los que promueven el criminal bloqueo han pensado que enfangar con mentiras esa admirable labor sea el mejor camino para desterrar de las mentes la elocuencia incontestable de un proyecto orientado a proveer de sus derechos a quienes más necesidades tienen, no puedo evitar que vengan a mi memoria algunos pasajes de mi vida como cooperante.

Aun sabiendo que esta acometida indigna no es nueva y que el gobierno yankee y sus tracatanes llevan años intentando destruir esa obra magnífica con todo tipo de falsedades y artimañas, como por ejemplo con la presión y el chantaje a los profesionales cubanos para que deserten de las misiones sanitarias en las que intervienen, sí lo es el actual formato de perseguir y amenazar a los países receptores de la ayuda y a sus funcionarios, es decir, la extensión de la perversa e ilegal extraterritorialidad del bloqueo comercial y financiero a esta actividad de la cooperación, triste innovación que resulta especialmente repulsiva. La excusa oficial es lo de menos pues podrían implantar estas medidas sin justificar nada, pero se ríen de todos denunciando que las actividades que los cooperantes cubanos desarrollan por el mundo son una suerte de “trabajo esclavo” al que les somete su gobierno. No creo que merezca a pena ni siquiera comentarlo, pero os gobiernos contemporáneos de EEUU no se distinguen precisamente por sus preocupaciones por los derechos de trabajador alguno, ni en el mundo ni en su propio país.   

Conmueve, eso sí, que los trabajadores de la salud cubanos sean objeto del interés y los desvelos de las autoridades norteamericanas por sus condiciones laborales, ¡cuánto honor!, seguro que ni ellos mismos se lo creen dada la circunstancia de que es la primera vez que esto sucede. Y todo ello sin perder de vista la similitud que esta obsesión de los políticos anti-cubanos y sus terminales mediáticas tiene con la de otros que se echaron a las calles dentro de la isla el 11 de julio de 2021 para, entre otras hazañas rácanamente remuneradas, apedrear centros sociales, servicios de urgencias pediátricos y residencias de mayores y de discapacitados, amenazando a pacientes, familiares y beneficiarios. No es casualidad: nada hace más daño a los embates de esa purrela que la gran obra de la Revolución puesta en pie y alcanzando a quienes más la necesitan, bien sea, por ejemplo, en forma de equipo médico operando en un hospital de la selva amazónica o de trabajador social evaluando las necesidades de las familias en un barrio periférico de Ciego de Ávila.

Es mucho esfuerzo y dinero de los contribuyentes de EEUU despilfarrado inútilmente en intentar destruir con invenciones, manipulación y sabotajes los logros de esa labor colosal para que la realidad de la misma, a los ojos de todos y todas, les ponga en evidencia un día sí y el otro también, durante más de 60 años. Lo individual, el egoísmo y el dinero frente al beneficio de todos y la solidaridad o, dicho de otra forma, el envío de soldados para sus guerras de saqueo colonial contra el de una tropa de trabajadores de la salud para salvar vidas, aliviar el dolor y mejorar la salud de quienes la han perdido o están en trance de hacerlo. No hay color ni comparación, ellos lo saben y por eso buscan su descrédito y su destrucción: mientras esta inmensa labor de Cuba siga en pie y a los ojos de todos y todas las posibilidades de acabar con ella son mínimas. Por eso tienen que intentar criminalizarla.



A propósito de la cooperación y los cooperantes

He trabajado como voluntario en ONG’s médicas europeas durante muchos años de mi ya dilatada carrera profesional, en distintos proyectos de cooperación y acción humanitaria. Co-operar es, etimológicamente, “operar con otro” y en su esencia esas intervenciones estructurales son algo completamente distinto de la ayuda de emergencia, en especial si esta se plantea como “humanitaria”.

Tan solo las intervenciones humanitarias, por su propia naturaleza, no admiten condicionalidad, devolución, ni retribución; se dan por humanidad y solo por eso, y se ajustan estrictamente a unos principios establecidos en el derecho internacional (neutralidad, universalidad, imparcialidad e independencia). Pero la cooperación estructural, es decir, la cooperación propiamente dicha, se basa en acuerdos donde cada parte colabora con algo: unos, con el trabajo (ONG’s) y otros, donantes o contrapartes, con una compensación a los primeros, que puede ir desde la provisión de fondos con que sufragar sus gastos hasta la implementación de políticas bilaterales concretas. El trabajo de los profesionales que participan se valora teóricamente muchas veces “a precio de mercado” a la hora de elaborar los presupuestos y pasa a formar parte del monto que recibe la ONG que firma el convenio y realiza las tareas. Pero estas organizaciones tienen sus propias necesidades de gestión, infraestructuras que no paga nadie y problemas de financiación de proyectos que no encuentran donante, por lo que la propia entidad no gubernamental puede y debe utilizar ciertas cantidades de los proyectos financiados para asegurar su propia supervivencia y la viabilidad de otras intervenciones, lo que hace si los fondos recibidos “no son finalistas” y, como entidades sin ánimo de lucro, sin sobrepasar determinada proporción. Por eso es cooperación y no negocio. Esto siempre ha sido así, tanto en la Cooperación Norte-Sur, como en la Sur-Sur, que es la que practica Cuba allá donde sitúa sus misiones médicas, además de brindar ingente y altruista ayuda humanitaria (Pakistán, Haití, Sierra Leona, Guinea-Conakry, Liberia, y un etcétera de una lista interminable), cuyo mérito y excelentes resultados son bien conocidos.

En el caso de las ONG’s internacionales, los cooperantes son voluntarios, es decir, aportan no solo su trabajo, sino que aceptan también una percepción muy por debajo de su salario profesional normal o, incluso, simbólica, asumiendo estas condiciones y participando libremente en los proyectos tras aceptarlas. Se trata de voluntariado y no de trabajo remunerado y nunca se ha oído, en los más de 35 años que conozco, trabajo, estudio y enseño cooperación al desarrollo, que EEUU ni país alguno haya planteado la más mínima objeción a que así sea. Los voluntarios no asumen directamente el trabajo concertado, sino que lo hace la organización a la que pertenecen, la que ha firmado el convenio de colaboración y sus términos, que son libremente aceptados por las partes y por los voluntarios.

Los países que necesitan cooperación internacional no contratan profesionales individualmente para atender sus necesidades. Esa fórmula puede servir para asegurar la participación de un especialista concreto que realice una evaluación puntual o una asesoría técnica específica, pero no vale para desarrollar la Atención Primaria de Salud de una población, para asegurar el funcionamiento de un hospital, para poner en marcha un programa de vigilancia epidemiológica, ni para realizar una intervención de emergencia tras un desastre natural, la guerra o un brote de violencia. Sería imposible para cualquier país o comunidad en desarrollo pagar a precio de mercado el personal necesario para llevar a cabo esos programas, por lo que las comunidades necesitadas y los países afectados alcanzan acuerdos de colaboración con entidades oficiales u organizaciones de otros países para obtener ese servicio (cooperación) a costes soportables por los primeros. Y quien esto suscribe, en todos sus años de cooperante en muchos países del mundo, jamás pensó que era víctima de alguna forma de esclavitud por hacerlo, ni que realizaba “trabajo forzado”, pues deliberada y voluntariamente lo aceptó en el marco de un acuerdo entre una organización a la que pertenecía y un donante o una entidad beneficiaria, asumiendo todas las cláusulas del mismo. Ni me puedo imaginar la cara de mis compañeros, primero, y las carcajadas, después, si alguien hubiera insinuado entonces o ahora que éramos víctimas de explotación laboral. La ignorancia, el atrevimiento o la mala intención siempre fueron, además de necias o por eso mismo, muy atrevidas.


Y en eso, llegó Fidel

Y, entonces, ¿por qué ahora esto debiera ser diferente para Cuba y sus profesionales? Me imagino la respuesta, que no será muy diferente de la que han dado al Secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, los gobiernos de muchos de los países en los que colaboran los equipos médicos cubanos, desde México a Brasil, desde Jamaica a Honduras, desde Italia a Gambia. En la actualidad 56 países reciben esta ayuda y más de 24.000 colaboradores cubanos repartidos en ellos la llevan a cabo. Pero no nos engañemos: el mal vecino de Norte con esta andanada busca que la solidaridad que inspira esa colaboración cubana quede eclipsada con falsas acusaciones y, de paso, cortar otra fuente de financiación con que el bloqueado y maltratado país del Caribe hace frente a sus necesidades de supervivencia.

En mi devenir en este mundo de la cooperación internacional he tenido contacto y he admirado la grandeza de la colaboración médica cubana en muchos sitios y, al igual que todos los cooperantes que conozco, en sus dos versiones más extendidas: la ayuda médica directa de los equipos de salud cubanos en el terreno y el trabajo de los profesionales de los países receptores de ayuda que han sido formados en Cuba, especialmente en la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), otra de las grandes obras de Fidel. En la mayoría de los países de África, América y Asia, las brigadas médicas cubanas son referente obligado tanto de quienes trabajan en cooperación internacional, como de los que lo hacen en los organismos multilaterales o en entidades locales: nadie conoce mejor que ellos el terreno, ni la población, ni sus problemas, porque llevan años ejerciendo su labor y, en muchos casos, son el sostén de los propios sistemas de salud de aquellos países. Conozco de primera mano que, en Guinea Ecuatorial, por poner un ejemplo, la información sobre la situación epidemiológica de la población que tienen los cubanos es en la práctica la única fuente fiable que sobre ella puede consultarse.

Cuando ocurrió el terrible terremoto que devastó Haití en 2010, las brigadas médicas cubanas no tuvieron que llegar a aquél atormentado país porque ya estaban allí. Cuando 9 meses después se desató la letal epidemia de cólera que siguió a la catástrofe natural, el desbordado desembarco de cooperantes, marines y ayuda humanitaria había pasado a ser tan solo un recuerdo y sus protagonistas habían regresado a casa. ¿Todos? ¡No! Los equipos médicos cubanos y los de Médicos Sin Fronteras eran los únicos que seguían en el país desarrollando su generosa y necesaria labor humanitaria.



Eric en Ruanda




Pero permítanme que eche la vista atrás. Corría el verano de 1994 cuando se produjo el éxodo de los supervivientes del genocidio ruandés que, exhaustos, alcanzaban la frontera de su país con el Zaire (actual República Democrática del Congo), hasta ocupar los alrededores de la ciudad de Goma, junto al lago Kivu, conformando en pocos días los campos de refugiados más grandes de los conocidos (casi un millón de personas entre los de Mugunga, Kibumba y Katale). En el equipo de la ONG en que realizábamos nuestro trabajo en el endeble hospital de campaña instalado en el campo de Mugunga, por encima de las enormes dificultades del día a día para atender a unos pacientes en situación límite en plena epidemia de cólera, pesaban otras adicionales de difícil manejo, como el idioma. La mayoría de los pacientes hablaba en kinyarwandés y en su lengua se comunicaba con el personal local que habíamos podido reclutar entre los refugiados, la mayoría auxiliares de clínica y profesionales de enfermería. Este personal por lo general era bilingüe y, además de en su idioma, hablaba también en francés, por lo que usaban esta lengua para relacionarse con los españoles. Por lo tanto, durante el interrogatorio clínico a los debilitados pacientes estos explicaban sus síntomas en kinyarwandés al personal local, el que nos lo traducía al francés, para nosotros después, con nuestras dificultades para entender y hablar el idioma de Molière, interpretar aproximadamente sus palabras. A continuación, nuestras preguntas corrían en la dirección contraria, de boca en boca y de lengua en lengua, hasta llegar al doliente enfermo, quien las recibía mostrando gran extrañeza, seguramente porque en ese complejo tránsito se había devaluado su sentido e intención hasta dejarlas fuera de contexto.



Era, por tanto, un procedimiento extraordinariamente ineficaz, largo y complicado, en unas circunstancias en que, precisamente, la agilidad en la atención y la precisión en la información debían ser, aquí sí, vitales. Este asunto y la escasez de personal local que colaborara con nosotros añadía a las difíciles condiciones de trabajo unas restricciones casi invencibles para nuestro equipo. Pero una mañana, mientras nos preparábamos para salir hacia el hospital, alguien llegó con una noticia que nos llenó de alegría y esperanza:

- Han encontrado un médico ruandés, entre los refugiados, que habla español. Está dispuesto a trabajar con nosotros. Nos está esperando en el campo.

La novedad, a pesar de la satisfacción que nos produjo, la recibimos con cierta incredulidad. Las probabilidades de encontrar un médico entre los refugiados eran remotas, casi tanto como hacerlo entre la población general de aquel país, pero que además hablara castellano, inverosímiles. A pesar de ello afrontamos la buena nueva con curiosidad e ilusión. Poco más tarde se desveló el enigma: mientras me acercaba a saludar al nuevo compañero le escuché conversando con otros y entendí que la información recibida no era del todo correcta. Aquel médico ruandés no hablaba español: ¡hablaba cubano! que es una cosa diferente.

Y al oírle exclamar un “No ‘e fasi” ante la visión desoladora de los pacientes de una de las tiendas que componían nuestro rudimentario hospital, lo entendí todo: se trataba de un ruandés que había cursado sus estudios de Medicina en Cuba, en el marco de los programas de formación becada que mantiene este país en beneficio de miles de estudiantes humildes de todo el mundo en desarrollo. Como era lógico, Eric, que así se llamaba el nuevo compañero, y yo sintonizamos a la perfección y en las semanas que pudimos compartir trabajo y anécdotas de momentos vividos en la prodigiosa isla pude admirar su entereza, la dedicación a su pueblo, su solidaridad inmensa, su excelente formación médica, su vocación y su enorme agradecimiento por todo lo que Cuba hizo por él y, de forma indirecta, por su castigado pueblo.



El testimonio que dio de las atrocidades que presenció en su país sirvió para conformar la causa por la que un tribunal internacional juzgó, más tarde, a algunos criminales y genocidas ruandeses autores de las matanzas de tutsis y hutus moderados. La pertenencia a su pueblo y la comprensión de sus códigos culturales, algo imprescindible en la relación médico-paciente, hicieron que mejoraran los resultados de nuestro humilde centro y la atención a los enfermos.

No sé qué habrá sido de él. Supongo que su destino no sería mucho mejor que el de los demás refugiados ruandeses, la mayoría de los cuales fallecieron en los meses siguientes por las terribles condiciones de vida a que estaban sometidos, por la violencia que existía dentro de los campos y el hostigamiento de policías y milicias zaireñas fuera de ellos o, incluso, por la represión que ejercían las nuevas autoridades ruandesas contra quienes regresaban del exilio. Pero su recuerdo jamás se borrará de nuestra memoria, porque forma parte indeleble de esta historia, que es tan solo un pequeño eslabón en la obra de la Revolución Cubana.

De la misma forma que no olvidaremos su voz, en medio de aquella hecatombe africana sumida en un babel de lenguas, exclamando: “¡P’al carajo, mi hermano, esto está de pin... (y cepillo)”!



Samir en Palestina


Foto Magne Hagesæter


En abril de 1996 el ejército israelí bombardeó un refugio bien identificado y repleto de población civil en las proximidades de Qana, en el Sur del Líbano, ocasionando una masacre de más de cien personas. Triste pródromo, como otros muchos, de la barbaridad y del genocidio que el gobierno de Israel ejecuta contra el pueblo palestino de la franja de Gaza desde hace 20 meses (en junio de 2025). Acudimos a aquel lugar con premura una representación de la organización a la que pertenecía, en misión exploratoria financiada por la Agencia de Cooperación Española (AECID) con el fin de conocer la situación de la población en el terreno, circunstancias del ataque y posibilidades de puesta en marcha de un programa de ayuda a la población damnificada.

En este tipo de misión uno de los objetivos es siempre encontrar entidades locales, gubernamentales o privadas, que puedan servir de contraparte a la que promueve la ayuda y personas que por su posición, liderazgo o conocimiento de la población beneficiaria pudieran colaborar en la gestión de la ayuda en sus diferentes fases. Viajamos a Tiro tras algunos días en Beirut. Esa histórica ciudad del Sur del Líbano es la más próxima al lugar del ataque y donde se ubicaban las instancias administrativas y las autoridades con quienes convenir todo lo relativo a un programa de asistencia sanitaria y ayuda médica y quirúrgica dirigida a la población afectada por el brutal ataque y por otros que se sucedían habitualmente. Una gran parte de esa población habitaba en el campo de refugiados de Rashidieh y allí establecimos nuestro centro operativo. Recuerdo el impresionante y multitudinario funeral de las víctimas de aquella atrocidad en las ruinas del teatro romano de Tiro. Creo que fue allí donde conocimos a Samir. Nos lo presentó una enfermera española que vivía en aquélla histórica y torturada ciudad, de nombre Manolita, y lo hizo asignándole el espléndido título de ser un “farmacéutico palestino que habla español”.

Fuente: Che Guevara Lebanon

Como en el caso de nuestro admirado Eric, el jovial Samir hablaba en cubano a la perfección porque fue en la mayor de las Antillas donde se formó como farmacéutico. Enseguida conectó con todo nuestro equipo y rápidamente apreciamos tanto su calidad humana como sus óptimas condiciones para trabajar con nosotros en la puesta en marcha del proyecto de apoyo a la población palestina que en ese momento empezábamos a pergeñar: apoyo médico al sistema de salud de los campos de refugiados palestinos del Sur del Líbano. Como quiera que uno de sus componentes fundamentales era la ayuda farmacéutica y Samir contaba con el conocimiento y los contactos necesarios en ese sistema, su contribución se nos tornó simplemente ideal.

Recuerdo en esos días de planes y proyectos las fantásticas veladas que pasamos en un café del puerto, acompañados del querido Luis Valtueña, que sería brutalmente asesinado en Ruanda poco después, recordando historias vividas en Cuba, que el farmacéutico relataba con gran nostalgia mientras nos deleitábamos con aquellos aromáticos narguiles. Samir no ocultaba la enorme gratitud que sentía por Cuba, donde vivió los momentos más bonitos de su vida, por la oportunidad que le había dado de convertirse en un profesional y, por eso mismo, por la gran ayuda que Cuba brindaba a su perseguido pueblo.

- Cómo me gustaría volver, mi hermano.

- Lo sé. Seguro que algún día lo conseguirás.

El programa de ayuda se puso en marcha poco después y yo regresé a España. Durante algún tiempo mantuve el contacto con Samir, que se involucró a fondo en aquel trabajo, del que llegó a convertirse en referente imprescindible. No sé si mi amigo palestino pudo volver a la isla de nuestros amores, deseo con todo el corazón que así haya sido, y que en ese anhelado viaje de retorno haya podido revivir alguna de aquellas maravillosas historias que con tanta melancolía rememoraba durante los días que compartimos trabajos, recuerdos y deseos de justicia.


Mitch en Honduras

Foto: Javier Teniente

Noviembre de 1998: el huracán Mitch acababa de arrasar extensas zonas de Centroamérica. El equipo internacional de emergencias en el que yo participaba como voluntario fue de los primeros en entrar en Honduras tras el desastre, junto a los equipos médicos cubanos. La destrucción era inmensa y las posibilidades de acceder a los lugares más castigados prácticamente nulas. Aunque parezca imposible, tres meses después del paso del huracán, llegaríamos cada día a comunidades rurales muy aisladas a las que aún no se había acercado nadie ni a preguntar qué había pasado. Como algún campesino nos contó: “A los que se ahogaron, les enterramos y, después, cada cuál a lo suyo”. Es la experiencia brutal y cotidiana de quienes no han tenido nunca contacto con un Estado, y si lo han hecho no ha sido en beneficio de ellos ni de sus familias. Nuestro equipo estaba compuesto por personal de salud (médicos, pediatras y enfermeros) y por otros voluntarios que atendía las tareas logísticas. Trabajábamos coordinados con el sistema de salud local, con quien intercambiábamos permanentemente información de situación y tareas realizadas y con quienes pactábamos la programación semanal de visitas y actividades. Previamente habíamos hecho gestiones en la capital con el Ministerio de Salud donde conocían al detalle nuestros planes, nos facilitaban todo lo que estaba a su alcance para que realizáramos nuestra tarea de atención urgente y socorro y cuyas autoridades nos mostraban su gratitud por todo ello.

Atendíamos, por tanto, continuamente a personas que no habían visto un médico o una enfermera en toda su vida, pues los rudimentarios trabajos de salud los realizaba en cada comunidad un agente de salud que había recibido una pequeña capacitación para hacerlo. Como resulta evidente, y mucho menos en aquellas circunstancias, nadie nos exigió tramitación alguna para realizar nuestras tareas y sobre lo relativo a nuestra titulación profesional y cualificación, nuestra ONG, legalizada en aquel país, garantizaba todo lo preciso. Pero una mañana nos llegó la noticia de que el colegio de médicos de Honduras, asociación gremial de los galenos de aquel país, prohibía a los médicos cubanos que formaban los equipos de emergencia destacados allí, asistir a las víctimas “por no estar colegiados” en Honduras. Nos quedamos perplejos y rápidamente conectamos con compañeros de otras organizaciones españolas y de otros países para comprobar lo que nos imaginábamos: que a ningún médico procedente de otras latitudes se le había exigido tal requisito para realizar su labor diaria. ¡Solo a los cubanos!




Unos galenos, los hondureños, representados en esa arcaica organización profesional, que en su gran mayoría trabajan en la capital o en ciudades grandes y que atienden a sus opulentas clientelas con todas las comodidades de sus consultas privadas, en las que recaudan pingües beneficios, pero para quienes los compatriotas pobres que viven en zonas remotas y aisladas no cuentan, ¡hasta ahí podían llegar!, ni merecen la más mínima atención, entre otras cosas porque nunca la podrían pagar. Pero el colmo del cinismo se alcanza cuando se intenta prohibir o impedir que otros profesionales de la salud, estos sí vocacionales y con un sentido de su obligación que trasciende el logro material para garantizar el derecho de todos a la salud, asistan a los enfermos, heridos o damnificados por la catástrofe natural.





El clasismo, cuando no el racismo, de una gran parte del rancio colectivo médico y su sectarismo ideológico le hacía anteponer sus obsesiones al derecho a la atención de la población hondureña que la necesitaba, olvidada históricamente y a la que, cual perro de hortelano, prefería que se abandonara antes de que otros, con su esfuerzo y su solidaridad, les dejaran en evidencia ante el mundo. Esta inmoral actitud la vimos, tiempo después, en otros países, como en Brasil, y también contra la cooperación médica cubana (https://bit.ly/4nArwmy). ¿Por qué será?


Yo me acuso, Mr Rubio

En eso mismo anda el gobierno de los EEUU contra Cuba y la colaboración médica cubana, en uno de los ataques más deshonrosos que recordamos. Estamos inmensamente agradecidos a los médicos cubanos y a los de otros países que se han formado en Cuba por su inmensa labor en favor de la salud y los derechos de los más necesitados y a la Revolución que lo ha hecho posible. Son un ejemplo para todos. Y los que les denigran o pretenden impedir su trabajo, se nos antojan como una de las mayores vergüenzas que soporta este mundo.

Reconozco aquí, por tanto, y en relación a todo lo tratado, que he sido víctima de trabajo esclavo, como todos los cooperantes europeos y de otros países que hemos trabajado en proyectos de cooperación estructural y de ayuda humanitaria percibiendo unas remuneraciones por debajo de nuestro salario normal, ya que pensábamos que ello formaba parte de nuestra aportación como voluntarios. Pero no, por el Departamento de Estado de EEUU ahora sabemos que nos han explotado, por lo que pedimos también que se sancione a las ONG’s que han abusado de nosotros y a los países y comunidades receptoras de nuestro trabajo por consentirlo.

Ah, y a los pacientes que hemos tratado, ayudado, atendido, curado, o, simplemente, acompañado, que nos perdonen también por haberlo hecho.


Epílogo

El 20 de noviembre de 2019 esperaba en el aeropuerto internacional José Martí de La Habana el embarque de mi vuelo a España cuando, bien entrada la noche, un rumor creciente que provenía de la zona de llegadas fue invadiendo salas y pasillos hasta despertar a los somnolientos pasajeros y desatar la curiosidad de todos los que, pacientemente, esperábamos que se nos llamara para acceder a nuestras respectivas aeronaves.

Días antes se había consumado el golpe de Estado que la OEA, con la inestimable colaboración de la embajada de EEUU en Bolivia, había orquestado contra el presidente constitucional, Evo Morales. Además de colocar en el poder a una gobernante títere que en pocos días pondría las riquezas del país en las manos avariciosas de sus padrinos políticos, los golpistas lanzaron toda una declaración de intenciones cuando decretaron la inmediata expulsión del país de todos los miembros de las misiones médicas cubanas que allí operaban, tras lanzarles graves amenazas. 700 cooperantes dispersos por la compleja geografía de aquel país que atendían en los lugares más aislados y recónditos a la población rural en la situación más ignorada y postergada históricamente.

"Con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar", escribió José Martí y los profesionales de la salud cubanos lo asumen desde su graduación como lema inspirador de su trabajo. De modo que la gente humilde de Bolivia, de la noche a la mañana, se quedó sin un recurso básico para su salud y su bienestar. Esa es la importancia que los golpistas bolivianos, la OEA o el gobierno de EEUU dan a los derechos humanos y, muy especialmente, al derecho a la salud de la población que habita en su patio trasero. Bueno, con excepción de la población cubana, y también de la nicaragüense y venezolana, cuyos derechos son los que inspiran, según nos quieren hacer creer, sus acciones y las de sus satélites. Una suerte que la boliviana, por lo que sea, nunca ha tenido.

¿Qué pasa?, nos preguntábamos aquella noche en el aeropuerto habanero mientras el rumor y los gritos subían de tono. Nos mirábamos perplejos hasta que, a lo lejos, por uno de esos interminables pasillos vimos avanzar una muchedumbre que despertaba la emoción nada contenida, los aplausos y los gritos de ¡Viva Cuba! de todos los que se acercaban a verla pasar, desde los cubanos que allí se encontraban trabajando o en trance de viajar, hasta los turistas que llegaban o se iban. Los que caminaban hacia nosotros habían conseguido en un instante el reconocimiento unánime de todos los presentes; la admiración no hizo falta, porque ya la tenían. .


Fuente: CLATE


Se trataba, ¿de quién si no?, del último contingente de 200 cooperantes cubanos de la salud que había sido expulsado de Bolivia por los golpistas y sus patrocinadores y que tuvo que salir a la carrera para no arriesgar su vida, al igual que hizo el propio presidente constitucional. Pocas cosas recuerdo tan emocionantes como observar su paso de gigantes, agitando sus banderas cubanas, al comprobar el enorme cariño que despertaban en todos los que allí nos encontrábamos. El auténtico ejército de batas blancas que siempre imaginó el líder de la Revolución, hecho realidad y triunfante, pues ni entonces ni nuca fue vencido por la enfermedad  ni desterrado por quienes recibían su atención, sino por los auténticos enemigos de un mundo más justo, donde quepan y tengan derechos los más pobres y abandonados. 


Los autores de esa indigna persecución a las misiones médicas de Cuba se califican por sí mismos con sus obras. Cuando parece imposible, siempre nos sorprenden con algo más miserable y rastrero. 
 
La infamia continúa y sube de tono; ¡la solidaridad también!


Manuel Díaz Olalla
Médico cooperante


martes, 10 de junio de 2025

Nueva entrada en el blog "No le digas a mi madre que trabajo en Salud Pública": 20 Aniversario de Madrid Salud

 


Estimados amigos, amigas, compañeros y compañeras, invitados, invitadas y autoridades que nos acompañan,

Desde los ya lejanos años del Centro de Promoción de la Salud de Villaverde, en aquél concurrido piso de Orcasitas, hasta los más recientes en la Gerencia de Madrid Salud, con la excepción del periodo en que desarrollé mi carrera profesional en el Servicio Madrileño de Salud y en el ámbito de la Cooperación al Desarrollo y la Ayuda Humanitaria internacional, esta institución, cuyo redondo aniversario hoy celebramos, ha aportado el marco en el que no solo he podido ejercer mi profesión, sino también hacerlo en consonancia con mi vocación de abordar esas tareas priorizando siempre las necesidades de salud de la población más vulnerable.

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miércoles, 4 de junio de 2025

Nueva entrada en el Blog "Hacinas ya no es Hacinas...": "Quien te conoció ciruelo"




Fuente: FB Salvador Cerezo

Nos dejamos fascinar por lo que viene de fuera, personas o cosas, mientras desdeñamos lo que nace o se hace en el terruño. Así somos, no me digan que no. En especial si lo foráneo no es pobre o de factura sencilla. Si no lo es, lo que llega nos embruja de tal modo que no pensamos que la cotidianidad que nos rodea lo puede superar con creces.  

Esta evidencia, consustancial a la naturaleza humana, empuja a muchos vanidosos y acomplejados a abdicar de su origen y hasta a falsearlo si las circunstancias les pone en esa tesitura. 
 
“Quien te conoció ciruelo y hoy Santo Cristo te ve” exclamaba mi padre, con sorna, ante la presencia de quien, tras alcanzar cierta relevancia pública, renegaba de su origen, como el apóstol Pedro, especialmente si la procedencia era humilde o modesta. Indagando sobre el fundamento de esa expresión popular llegué al conocimiento de la fábula que la sustenta, que no es otra que la del hortelano que vendió ese árbol frutal que adornaba su huerta al cura del lugar, quien se lo entregó a un artesano para que, de aquel leño fértil, aunque informe, hiciera surgir, oh maravilla, la imagen mística de Jesús crucificado. 

Pues bien, según la leyenda, cuando estuvo terminada y ubicada en una esquina del altar de la iglesia de aquel lejano lugar acertó a pasar por allí el horticultor que fue propietario de la materia prima con que se confeccionó, el que, mirándolo fijamente y algo confundido ante el realismo de sus facciones no pudo hacer otra cosa que exclamar la aludida expresión que figura más arriba, a la que añadió, recordando los escasos y amargos frutos que le proporcionaba en su vida vegetal, “los milagros que tú hagas que me los cuelguen a mí”.

domingo, 23 de febrero de 2025

Nueva entrada en el blog "No le digas a mi madre que trabajo en salud pública": Inequidad territorial en la salud de la población de Madrid, 20 años de evidencias

Ponencia presentada en las Jornadas de la Asociación Madrileña de Salud Publica (AMASAP)

Manuel Díaz Olalla 

Ateneo de Madrid, 26 de noviembre de 2024




Como profesionales, pero también como seres humanos sensibles a las injusticias, estamos comprometidos con la equidad. Siempre conviene recordar que la lucha por la equidad en la salud tiene como objetivo dar a cada cuál lo que necesite o, traducido en términos de salud pública, luchar contra las desigualdades injustas que, además, se pueden combatir con medidas de políticas públicas, formando parte de la lucha por la justicia social, como queda elocuentemente plasmado en esta imagen que, por ello, vale más que mil palabras (CC BY 4.0; Universidad de Rice y OpenStax).


 En este contexto el territorio es uno de los ejes en donde se dan, y se pueden analizar y explicar, las desigualdades en salud, formando parte de sus determinantes estructurales.


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sábado, 11 de enero de 2025

Nueva entrada en el blog "Hacinas ya no es Hacinas..."

 Se acaba de publicar la crónica de la última reunión de "lechales".

Más información pulsando aquí:






Nueva entrada en el blog "No le digas a mi madre que trabajo en salud publica"

 Se ha publicado la edición completa del Estudio de Salud de la ciudad de Madrid 2022 , así como el resumen ejecutivo del mismo en español y en inglés.

En esta entrada del blog "No le digas a mi madre..." encontrarán toda la información (pulsar en la imagen de la portada)





lunes, 2 de diciembre de 2024

Nueva entrada en el Blog "Hacinas ya no es Hacinas...": Forasteros

 Todos somos, hemos sido y seremos forasteros en alguna parte. En algún pueblo cerca del nuestro, en otra región o en otro país. Hemos vivido, por tanto, la incómoda sensación de sentirnos observados, analizados, malmirados y peor considerados, simplemente porque otros han notado que no somos de allí, que hablamos otra lengua, tenemos otro color de piel o, simplemente, entendemos la vida de otra manera. Es el miedo atávico a lo desconocido, una desconfianza que, por la generalización, llega pronto a la injusticia y compromete la seguridad y el bienestar de los demás.

Cerrando el círculo que va desde el “somos diferentes” al “nosotros somos buenos y ellos son malos”, pasando por el “ellos tienen la culpa de lo que nos pasa”, quienes han sabido inculcar y extender esos mensajes entre la gente han gestado las mayores barbaridades de la historia de la humanidad. Hay tantos ejemplos que sería ocioso detenerse en ellos, sobre todo si al hacerlo perdemos la perspectiva de que el miedo y la desconfianza son cuchillos de doble filo y de la misma forma que los blandimos contra otros, en algún momento alguien los puede volver contra nosotros.

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"Muchos años después...." Francisco y Victoria, de paseo por Salas
 

jueves, 29 de agosto de 2024

"La manduca", nueva entrada en el blog "Hacinas ya no es Hacinas..."

 

(Puchero a la lumbre. Fuente: Concejalía de Cultura. Ayuntamiento de Malagón, C. Real)

Lo del minchar es asunto de trascendencia, diga usted que sí. Por los buenos ratos que pasamos mientras nos nutrimos, sobre todo si es en buena compaña, y por lo que la manduca y todo lo que la rodea explica de cómo somos, cómo vivimos y hasta la salud, o la poca salud, que tendremos. Lo que tiene que ver con su preparación, que también nos gusta, aunque no sean remojones, lo dejamos para otro día, no sea que algún chamuscas nos coloque el mote de catapucheros y la broma pase a mayores.

Siempre oí que hace años, cuando el desarrollo de una sociedad como Hacinas o, en general, como la Castilla rural de la época, era apenas un sueño, la alimentación diaria cabía en un puchero en el que se depositaba con cariño, muy temprano en la mañana, un puñado de garbanzos, algo de berza, quién sabe si un chorizo o un pedazo de tocino, cuatro vainillas, pero nada de pizca, eso ni soñarlo, ni que fueran bodas, con suerte una bola si la hicieron, o un pedazo de zangarrón, y se llenaba de agua de los Cubillos, que, por su blandura, cuece las legumbres muchísimo bien.

Eso me contaba mi abuela mientras me señalaba con el dedo de mandar chitón el quincho donde colgaba el cuadro con los calderos para que saliera a escape, camino de la fuente.


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jueves, 2 de mayo de 2024

"El delantal", nueva entrada en el blog "Hacinas ya no es Hacinas..."




Cuentan que cuando el gran escritor García Márquez escuchó por primera vez la canción titulada «Pedro Navaja», compuesta por el músico panameño Rubén Blades e interpretada por él mismo junto a Willie Colón en 1978, exclamó que lamentaba profundamente no haber escrito la novela de la historia que cuenta esa tonada salsera. Uno, que nunca le llegará ni a la suela del zapato al gran Gabo, y que ni siquiera lo intenta, ha sentido una especie de frustración parecida a la suya cuando, hace poco, navegando por esa biblioteca desesperantemente desordenada que es internet, encontró un precioso relato de Ángeles Fuentes que más abajo transcribo, titulado “El delantal de la abuela”.....

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sábado, 25 de septiembre de 2021

Pilar Estébanez, in memoriam

 


 

Se nos ha ido Pilar. Casi como un soplo, mucho más pronto de lo previsible, de lo deseable, de lo justo, mucho más temprano que tarde, sin darnos cuenta. En menos de un año una dura enfermedad, la que ella más temía, minó sus fuerzas hasta dejarla exhausta, aunque nada pudo con su mente ni con su infatigable espíritu.

Pocas veces me he enfrentado como ahora al terrible reto del papel en blanco que exige pocas palabras y muchos sentimientos, pero lo asumo en la certeza de que es un propósito vano cuyo resultado será insatisfactorio tanto para mí como para ustedes, tal es el tamaño del desafío. Me mueve a hacerlo no solo el inmenso cariño y la admiración que le tengo, sino el haber compartido en los últimos treinta años una gran parte de sus trabajos, sus alegrías infinitas, sus escasas tristezas, sus rotundos éxitos y, por qué no, también sus irrelevantes fracasos si es que los hubo, el enorme caudal de su familia y su amistades, todas las ventanas al mundo que abrió para mí y para muchas personas, su manera de entender la vida, su maravilloso caos controlado en el que todo funcionaba a la perfección, sus sueños y sus anhelos.

Conocí a Pilar a principios de los 90 en las oficinas de Médicos del Mundo de la Calle Caracas de Madrid, de la mano de Maxi Esteban. Había oído hablar de ella y del gran trabajo que desarrollaba en el Centro Municipal de Salud del distrito Centro de esta ciudad en la prevención del VIH/SIDA en personas que ejercían la prostitución. Desde entonces iniciamos una colaboración que hemos mantenido en los distintos y variados proyectos que ha emprendido, desde Médicos del Mundo hasta la creación y el desarrollo de la Sociedad Española de Medicina Humanitaria (SEMHU), su último gran proyecto asociativo, pasando por el Máster de Medicina Humanitaria, además de compartir la escritura de algunos artículos y libros y participar en las decenas de cursos y jornadas que ha llevado a buen fin. Tuve la suerte de viajar por el mundo con ella (Líbano, Honduras, África) y aprender en el terreno la esencia de la Medicina Humanitaria que ella iba configurando en cada proyecto, así como de compartir su vocación por la cooperación internacional en todas sus facetas, admirando en cada experiencia su decidida entrega a las poblaciones más vulnerables y la lucha por su derecho a la salud.

Pilar ha sido una figura imprescindible del movimiento asociativo de España en los últimos 30 años, hasta el punto de que resulta difícil entenderlo sin su presencia. Inabarcable y persuasiva, tan difícil resultaba decirle que no a una propuesta de trabajo como acertar si apostabas a que no iba a conseguir lo que se proponía, por descabellado que pareciera. Tantos y tan variados eran sus intereses personales y profesionales que en las inolvidables veladas de cumpleaños en su casa de Manuela Malasaña lo mismo te encontrabas a lo más granado que queda de la movida madrileña, de la que fue pieza imprescindible junto a su compañero Moncho, a políticos en activo y en pasivo, a sus compas de La Comuna y de la lucha  clandestina, a su gente de Formentera, a la del barrio, a la de Médicos del Mundo y, en general, a miembros de la variada fauna que compone el mundo de la acción humanitaria y de las ONG’s, a brillantes egresados de la London School, que a lo más popular de la sociedad palentina. Todos en franca camaradería y aún más perfecta armonía, disfrutando de su regalo y, a veces, de sus performances si Paco Esquivias se lanzaba al escenario guitarra en mano. 

Pilar era un volcán en erupción, un torbellino tan imposible de domar como de seguirle el ritmo, una fuente inagotable de información seleccionada, una lectora incansable, un portento. En los últimos años participé con ella, también, en las reuniones del consejo de redacción de la revista Temas para el Debate, del que formamos parte, en las que siempre sacaba a relucir la perspectiva más humanitaria de los temas que componen la agenda nacional e internacional.  Amiga de sus amigos, fiel y honesta a carta cabal, generosa hasta en los pequeños detalles, durante mi última visita pude admirar su entereza mientras teníamos tiempo de recordar, de las anécdotas vividas, las más celebradas, que me comprometí a recoger en algún escrito antes de que la desmemoria o el saco roto las aparten para siempre del conocimiento colectivo.

Hay que destacar la enorme lección que nos ha dado también al afrontar su final, su capacidad de aceptación y el ánimo que insuflaba a los que la han rodeado en estas tristes últimas semanas, en especial a sus hermanos, sus hijas Maria y Ana, sus nietas, Laia y Mía y su inseparable amiga Fufa. Todos ellos, junto a la incontable nómina de amigos y amigas, afrontamos la triste noticia de su partida, pero nos sentimos afortunados por haber formado parte de su vida y por poder dar continuidad ahora al legado de su obra en la medida de nuestras fuerzas, mucho más menguadas que las suyas, tal y como hubiera querido.

Porque Pilar siempre estará en nuestro recuerdo y en nuestro corazón.

Que la tierra le sea leve.


Manolo



 

 

domingo, 4 de abril de 2021

El desafortunado viaje de la señora ministra

González Laya en Colombia con niños venezolanos (Europa press)


Recientemente hemos conocido que la ministra española de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación (MAUC), Arantxa González Laya, realizó un viaje de trabajo a Colombia en el transcurso del cuál visitó la ciudad de Cúcuta, en la frontera con Venezuela, con el fin de “conocer la realidad de los migrantes venezolanos”. El interés por ese conocimiento se justifica, entre otras cosas de las que hablaremos a continuación, porque España “aporta ayuda humanitaria para prevenir la COVID-19 en las personas refugiadas y migrantes venezolanas” (la cursiva es mía), siendo esta una iniciativa de calado, nada coyuntural ni al ritmo que marca la pandemia, sino que antes de la COVID-19, nos aseguran, España se puso “al frente de las donaciones para atender a los migrantes venezolanos” (noticia de octubre de 2019).

Nada que decir de tan loable interés si no fuera porque la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) insiste en incluir los fondos que destina a tal fin y que CáritasAcción contra el Hambre y Cruz Roja Española ejecutan en el terreno, entre los exiguos recursos que dedica a la Ayuda Humanitaria (62 millones de € en 2019, el 6,5% de la Ayuda Oficial al Desarrollo -AOD- bilateral y el 2,35% de la ayuda neta total), lo que decididamente no es, por mucho que los pongan bajo la gestión de la devaluada Oficina de Acción Humanitaria y a pesar de que la nota de prensa en que se anuncia incluya en el párrafo final: “La Oficina de Acción Humanitaria de la AECID se encarga de la gestión y ejecución de la acción humanitaria oficial de España, en base a los principios humanitarios de humanidad, imparcialidad, neutralidad e independencia”.

domingo, 19 de mayo de 2019

Falacias mediáticas

Mednizábal y Évole. Fuente: ecoteuve

Hace unos días, en el magazin de la cadena española de televisión La Sexta llamado Más vale tarde, asistimos a uno de esos episodios de surrealismo periodístico que con tanta y tan lamentable frecuencia nos regalan los medios nacionales. Se hablaba de las declaraciones de Pablo Iglesias sobre el funcionamiento de las cloacas del Estado y cómo los medios de comunicación masivamente difundieron todo tipo de patrañas inventadas con el fin de perjudicar a Podemos. El coletas se quejaba y, con motivo, deslizaba que los propietarios de los medios son y representan, de forma monocorde y sin fisuras, políticas entre de derechas y muy de derechas.

En ese instante conectaron con Jordi Évole, seguramente por otro motivo, pero con la polémica ya establecida la "conductora" del programa, Mamen Mendizábal rápidamente pidió su opinión al respecto. El catalán indicó en ese momento que tal afirmación le parecía una injusticia pues "De la misma forma que hay, dijo, periodistas de derechas y de izquierdas, los propietarios de los medios........"

Se hizo un silencio tenso en casas y establecimientos públicos donde estaba conectada esa cadena y  se contemplaba la emisión,  esperando conocer si, con su desparpajo habitual, Évole era capaz de decir lo que aparentemente había introducido. Pero, ¡menos mal! , le salvaron sus propios reflejos, gracias a los que recondujo el final de la frase a un apaño de explicación que sin decir nada lo indicaba todo. Dijo "...... piensan de diferentes maneras".

Le salvó la campana y se quedó a esto de ser el autor del meme ridículo más reproducido de esa semana. Yo, más aliviado, recordé aquél chiste cruel del franquismo que decía que "España es una porque si fueran dos todos nos iríamos a la otra; grande porque cabemos todos y libre porque se puede ir a misa de 12 o a misa de 1".

Efectivamente así es: la diversidad ideológica de los medios españoles nos muestra lo libres que somos al poder elegir la hora de la misa a la que, eso sí y de modo obligatorio, tenemos que acudir.

No acabó ahí el esperpento sino que la presentadora, para demostrarnos lo democráticas que son las cadenas de tv en España añadió sin que nadie lo solicitara: "Y si no, a los datos me remito, hace unos años a Pablo Iglesias no lo conocía nadie y ahora lo conoce todo el mundo".

Bien dicho, Sra. Mendizábal  porque el derecho de españoles y españolas de conocer al líder del tercer partido en apoyo electoral depende, como no, de una concesión graciable y generosa de los medios de comunicación que, en rasgos como ese, demuestran sus sólidas convicciones democráticas.

¿Y luego nos preguntamos por qué en el ranking mundial de transparencia y fiabilidad los medios españoles rozan la indigencia? Con estos mimbres ¿qué podemos esperar?

Manuel Díaz Olalla
19 mayo de 2019




martes, 19 de febrero de 2019

Venezuela: la Ayuda Humanitaria concebida para otra cosa


No se puede considerar ni denominar “Ayuda Humanitaria” al pretendido envío de productos de primera necesidad impuesto por otros países a Venezuela. Tal calificación, según el Derecho Humanitario Internacional, los Principios Humanitarios y los que rigen las relaciones internacionales, tal como se recoge en la Resolución A/RES/46/182 de la 78a sesión plenaria de Naciones Unidas de 19 de diciembre de 1991, solo puede asignarse a la ayuda que comprenda determinadas condiciones y sólo a ella.
La ayuda debe brindarse ajustada exclusivamente a las necesidades de la población en situación límite y no puede contemplar ninguna condicionalidad ni buscar otros objetivos. El objetivo de la acción humanitaria es proteger la vida y la salud y garantizar el respeto a los seres humanos (Principio de Humanidad), además de ser autónoma de los objetivos políticos, económicos, militares o de otro tipo que cualquier agente pueda tener respecto a las zonas donde se estén ejecutando medidas humanitarias (Principio de Independencia). Según parece ningún organismo independiente ha evaluado la situación de la población venezolana más castigada por la crisis y por las noticias que tenemos la condicionalidad y otros objetivos espurios están en la base de la propia y pretendida ayuda: servir de propaganda antigubernamental para cambiar el escenario político intentando crear a partir de su distribución una legitimidad paralela. Es decir que esta colaboración intempestiva se pretende por y para satisfacer otros propósitos mal disimulados y nada humanitarios de una de las partes en litigio, como es el cambio de gobierno, imponiéndosela a la otra que la rechaza, contraviniendo de esta forma las normas elementales que regulan este tipo de iniciativas internacionales. No solo eso sino que esta última evidencia nos lleva a concluir que puede generar más división, tensión y violencia, lo que es exactamente lo contrario de lo que deben buscar estas iniciativas, que no es otra cosa que salvar vidas, curar enfermedades y aliviar el dolor de las víctimas.
Para que se ponga en marcha la “Ayuda Humanitaria” debe ser solicitada por el gobierno legítimo del país afectado cuando comprende que la situación excede sus propias capacidades de solución o, en caso de que el gobierno no exista o haya colapsado, deben impulsarla los organismos de la ONU que tienen encomendada esa función. El gobierno legítimo de Venezuela es el que preside el Sr. Maduro porque así lo reconocen las Naciones Unidas, la OEA y hasta la UE-28, toda vez que los países que dentro de la Unión lo desconocen no han logrado el consenso necesario para alcanzar una postura unánime y, en este caso, aquél gobierno la rechaza por innecesaria e injerencista, señalándola como un componente más, y perfectamente planificado, del movimiento multifactorial que busca cambiar el sistema político venezolano desde el exterior. 
Los actores humanitarios no deben tomar partido en las hostilidades ni en las controversias de orden político, racial, religioso o ideológico (Principio de Neutralidad) lo que tampoco parece cumplirse en este caso pues en ningún momento se ha disimulado la preferencia de quienes la exigen y la pretenden introducir en Venezuela (particularmente USAID, el organismo de los EEUU que se dedica a la cooperación al dictado del gobierno de aquél país) por el autoproclamado presidente Guaidó. Desde los albores del humanitarismo moderno son conocidos los frecuentes intentos de las partes involucradas en los conflictos por controlar la ayuda para, de esta manera, premiar a los suyos y castigar a los contrarios, incumpliendo así otro de los principios elementales de esa misión solidaria, el de la Imparcialidad, que nos exige que la acción humanitaria deba llevarse a cabo en función de la necesidad de la población, dando prioridad a los casos más urgentes y sin hacer distinciones sobre la base de la nacionalidad, raza, sexo, creencias religiosas, clase u opinión política. Sobre el anunciado y flagrante incumplimiento de este principio por parte de quienes promueven esta iniciativa no hay que extenderse mucho más.
Hay otro aspecto que no es baladí y que también se vulnera en este caso, el del respeto a las víctimas, que contempla, entre otras cuestiones, que es gravemente atentatorio contra su dignidad el hecho de que quien proporciona la ayuda sea el que ha infligido el daño. Los países más activos en este intento de imposición de ayuda (EEUU y el denominado “grupo de Lima”) son quienes más severamente han castigado al pueblo venezolano con las sanciones y el bloqueo comercial que le aplican desde hace algunos años. Esta conclusión es general entre los observadores internacionales de la crisis y ha sido expresada muy especialmente por el expresidente del gobierno español Rodríguez Zapatero, buen conocedor de la realidad de aquél país.
No hace falta extenderse más para concluir que lo que se intenta aplicar a Venezuela con el falso señuelo de la “Ayuda Humanitaria” es uno más de los múltiples métodos que están ensayando algunos países para cambiar a su gobierno legítimo e inmiscuirse en sus asuntos internos. Quienes lo promueven no son independientes, ni neutrales en el conflicto, ni entre sus objetivos figura de forma preeminente aliviar la situación de necesidad de las personas afectadas por la crisis, pues contemplan otros objetivos más ajustados a sus intereses. Si realmente les moviera la atención a la necesidad extrema de la población, seguramente empezarían por dirigir esa ayuda a sus propios países, pues según la CEPAL Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador y Perú exceden la mortalidad infantil de Venezuela, duplicándola estos dos últimos, que son los mismos que superan en mucho la tasa de desnutrición crónica en niños de aquél país. A cualquiera le sorprende que estos mismos países se muestren tan complacientes y poco “invasivos” ante situaciones humanitarias mucho más dramáticas en la propia América Latina, como es el caso de Haití, ni que lo hayan sido en otras épocas en que la situación de Venezuela ha sido objetivamente mucho peor, precisamente cuando gobernaba la llamada oposición democrática que ahora lidera Juan Guaidó: la prensa de Caracas del 21 de noviembre de 1998 informaba que según datos de organismos internacionales en aquél país un 85% de las personas vivía en situación de pobreza total y un 45% en pobreza extrema. 
Es extraordinariamente grave que se utilice la simbología, la nomenclatura y los conceptos propios del humanitarismo para otros intereses que no sean exclusivamente la supervivencia y el bienestar de las personas: a los ojos de muchos se convierte la ayuda en sospechosa y los trabajadores humanitarios en potenciales enemigos. Las consecuencias que ello tiene y tendrá en el futuro pueden ser devastadoras y quienes sufrirán sus efectos serán los más débiles. De la misma forma que es profundamente irresponsable poner a los organismos multilaterales pensados para la paz al servicio de la guerra. La “Ayuda Humanitaria” a la fuerza que se intenta imponer ahora fue planeada en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas a propuesta del llamado “grupo de Lima” y con el insólito y entusiasta apoyo del gobierno español del Sr. Sánchez, en septiembre de 2018. Asistimos por tanto a otro capítulo de una estrategia con perfecta planificación en la que cada cual asume su papel, que no busca, como se ha dicho, prioritariamente el bienestar de los venezolanos sino el cambio de su legítimo gobierno para controlar y apoderarse de sus recursos. 
No basta con proclamar a los cuatro vientos que se rechaza una salida violenta a la crisis si se trabaja para lo contrario. Y apoyar a una de las partes, precisamente la que reclama permanentemente una sublevación militar y una invasión extranjera, como hace el autoproclamado Guaidó, en vez de sumarse a países como Uruguay o México que proponen diálogo, no es precisamente luchar por la paz y el entendimiento. Por mucha “Ayuda Humanitaria” con la que quieran disfrazar sus auténticas intenciones. 
Manuel Díaz Olalla
Sociedad Española de Medicina Humanitaria (SEMHU)
(Publicado en febrero de 2019 en el Diario Público y en Actualidad Humanitaria)

martes, 2 de octubre de 2018

La cocina del CIS y El Objetivo de la Sexta



En el espacio televisivo de la Sexta “El objetivo” del pasado domingo 30 de septiembre, se habló de los recientes resultados que sobre intención electoral ha presentado el CIS en su último barómetro. En ese programa se anunció que este centro a partir de ahora informaría solo de la intención de voto directo declarado que manifiestan las personas encuestadas y no de las estimaciones que del mismo se deducen en las personas que no reconocen directamente si piensan ir a votar o a qué partido lo harán.

Estas estimaciones que se hacen a partir de cierto modelo predictivo de dudoso rigor, escasa validez y desconocida actualización, imputa una elección concreta a la persona encuestada que no declara su intención directa de voto y se basa en deducirlo a partir del recuerdo que manifiesta de lo que votó la última vez o, si no lo recuerda, de hacia quiénes muestra simpatía, aunque no haya decidido apoyarles con su voto. Las previsiones finales de resultados se fijan sumando a la intención directa de voto declarado a cada partido esta otra deducción, por lo que se ve, poco consistente. Es lo que se conoce como “cocina” de la encuesta, de forma errónea, pues la “cocina” a la que modestamente sometemos a veces a los resultados de nuestras encuestas se trata de algo mucho más serio y científico.

Cocinamos nuestros datos cuando en lugar de contar que menos de la mitad de los encuestados, por ejemplo, cree que la asistencia sanitaria pública ha mejorado en Madrid en los últimos años, explicamos que la mayoría de los madrileños considera que no lo ha hecho. ¿Tendencioso?, pudiera ser, pero serio, riguroso e intachable. Y sin engañar a nadie. Pero adjudicar el voto a una opción electoral a una persona que no lo ha decidido simplemente porque una vez lo hizo es, además de negarle a la gente la posibilidad de rectificar, inventarse mucho más de lo que la ciencia y el sentido común aconsejan. De ahí a mostrar unos previstos resultados electorales como le gustaría que fueran al que encarga o hace la encuesta y no como la gente opina, hay solo un paso. A eso se le llama manipular y se hace con toda intención y descaro porque las previsiones electorales han pasado a ser un elemento más de la lucha electoral que modula y modifica la intención de voto real de la gente.
El genial Forges

Y eso sin contar el común error de generalizar las previsiones al conjunto del cuerpo electoral a partir de muestras mal seleccionadas y escasas, como si la incertidumbre atribuible al método de muestreo o al volumen de la muestra fueran excentricidades de los investigadores o cuestiones que no merece la pena tomar en consideración. Con esos juncos no se pueden hacer buenos cestos. O al menos que resistan. Y por no hacerlo, no soportan ni los propios resultados de la noche electoral. Y al fin, cuando por la cocina intencionadamente manipuladora (sesgo de información), la metodología incorrecta en la recolección de la muestra (sesgo de selección) o la falta de consideración a los intervalos de confianza con que la ciencia exige acotar la inseguridad de un valor obtenido de esta manera a la hora de inferirlo a la población de la que procede, es cuando los popes de la sociología y los gurús de las empresas de opinión se despachan señalando a los votantes como responsables últimos del error cometido: no hay duda, la gente vota lo que le da la gana y no lo que le señalan las encuestas.

En el programa televisivo citado se criticó duramente la decisión del nuevo equipo directivo del CIS de eliminar a partir de ahora la cocina y mostrar sólo los datos de intención directa y reconocida de voto. Como una muestra indeleble de la nueva manipulación que se quiere imponer desde el organismo público, por ignorancia o por mala fe, se denostó una iniciativa que solo puede mejorar el conocimiento de la opinión electoral de los ciudadanos, haciéndolo más aséptico, riguroso y serio.  

Para remarcar la supuesta incongruencia de los nuevos gestores se mostró una entrevista a José Blanco de hace unos años, cuando el PSOE estaba en la oposición y el CIS lo dirigía alguien tan “inocuo” como un hermano del ministro Montoro, en la que el dirigente gallego criticaba los resultados de una encuesta del CIS sobre intención electoral porque los fogones de la cocina a la que habían sometido a los resultados “brutos”, los hacían casi irreconocibles. Salieron muy chamuscados aunque, eso sí, arregladitos para confundir a la gente en función a los objetivos hegemónicos del PP.  Nada que ver esto con aquello, creo yo, señora Pastor: aquello era cocina manipuladora de la buena, esto de ahora es un intento de eliminarla. A ver si lo consiguen, porque esos trabajos los pagamos todos.

Pintó un gran humorista gráfico una viñeta en la que dos personas hablaban, y una le decía a la otra: "Bueno, pues si las estadísticas no mienten...", a lo que la otra contestaba; "Mienten", y la primera, con rictus de desilusión, apostillaba:"Pues entonces, nada"".

Pues eso.


Manuel Díaz Olalla

martes, 14 de agosto de 2018

La crisis de Europa y los refugiados: in memoriam Samir Amim

Samir Amín, fotografía tomada de "Página 12"


El extraordinario pensador marxista, economista y politólogo Samir Amin, falleció el 12 de agosto de 2018 en París. Reproduzco aquí una breve reseña sobre su libro "Refugiados", que escribí para la revista "Temas para el debate", publicada el 19 de enero de 2017, en recuerdo y homenaje al gran humanista. Sus ideas, como se ven, están más vigentes que nunca


"Este libro del conocido Catedrático de Ciencias Políticas francés de origen egipcio, ex-eurodiputado y Consejero de Estado de la República Francesa Sami Nair, es una apretada aunque completa disección de la realidad política europea de los últimos años, esa que ha desembocado en la actual y vergonzosa crisis de los refugiados, que junto a las otras dos grandes y recientes crisis europeas, la del euro y la del BREXIT, conforman los más claros exponentes del nivel de desnaturalización al que ha llegado el maravilloso proyecto fundador de Europa. A nadie le puede extrañar ya, y a la vista de lo que sucede, el enorme desapego que manifiesta una gran parte de la población europea a la idea original que impulsó la Unión, ni el auge de todas las expresiones de euroescepticismo, de las que las más graves y peligrosas son, no hay duda, el resurgimiento de los movimientos filofascistas y xenófobos por todo el continente.

Nair sitúa la raíz de lo que califica como la mayor crisis humanitaria en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, en las circunstancias demográficas, tan contrapuestas, entre el Sur de Europa y el resto del mundo al Sur y al Este del Mediterráneo. El continente rico, en recesión, y los demás en crecimiento exponencial. La gravedad de esta divergencia, la profundidad de esta brecha, se hace abismal si anotamos que sobre ella las realidades económicas son también opuestas aunque, en este caso, en sentido contrario, es decir, los países emisores de refugiados y emigrantes viven sumidos en la pobreza o, en el mejor de los casos, en el estancamiento económico, mientras que, al otro lado, la riqueza, en especial para algunos, ha aumentado vertiginosamente. La grieta, por tanto, se ahonda más. La situación de guerra y violencia que sufren los principales emisores de refugiados (Siria sobre todo, pero también Libia, Afganistán, Irak o Eritrea) ha provocado el agravamiento reciente del problema migratorio existente, por lo que el perfil mayoritario de quien llama a las puertas de Europa en la actualidad no es el de emigrante económico, sino el de solicitante de asilo y protección.

En los últimos años, explica Nair, y para proteger el mercado laboral de la UE preservándolo sólo para los europeos o, en todo caso, para que las sobras, si las hubiere, se pudieran ofertar exclusivamente a los no comunitarios ¨cualificados¨ (bello eufemismo para denominar el robo de profesionales formados con gran esfuerzo por los países en desarrollo), aparece el tratado de Shengen y Europa decide ¨externalizar¨ la gestión del flujo exterior de personas, encomendando dicha gestión a países terceros ¨no seguros¨, que cumplen escrupulosamente su misión (campos de internamientos, admisión inmediata de los que entraron en Europa irregularmente, control de fronteras). A cambio de ello se les asigna jugosas cantidades de euros enmascaradas en Ayuda Oficial al Desarrollo con que justificar su auténtica naturaleza, la de retribuir a los gendarmes. No importa si esos países son poco escrupulosos en el respeto a los derechos elementales de las personas, es lo de menos. El efecto inmediato más pernicioso de estas políticas, además de contravenir la legislación internacional y europea sobre asilo y refugio y de lanzar a suelo decenios de solidaridad y respeto europeo por los derechos humanos, ha sido el de invisibilizar al auténtico refugiado y solicitante de asilo, confundiéndole en el paso previo a su solicitud con un emigrante económico más.

El politólogo francés analiza pormenorizadamente el papel jugado por cada una de las naciones de la UE en la generación de la crisis y en el actual estado de cosas, destacando con claridad el cambio de postura de la canciller alemana Merkel, al paso que le han marcado sus malos resultados electorales, quien pasó de ser la más abierta defensora de los que llegaban a Europa en busca de protección a  apoyar la firma del ignominioso acuerdo con Turquía de 2016, al que denomina como el ¨Acuerdo de la Vergüenza¨. El papel de España, como comparsa que nunca se define y su escaso respeto a los derechos de quienes buscan ayuda (sucesos de Melilla, situación de los CIEs) es también destacado en este libro, casi tanto como dos hechos diferenciales indiscutibles, uno es el que denomina el fin del mítico historial de asilo de los países nórdicos y el otro, el deleznable papel, egoísta y contrario a los principio básicos de la Unión, de los recién incorporados países del Este de Europa.

Propone el autor por ello una suerte de refundación de Europa, desterrando sus más clamorosos fallos, entre los que destaca la falta de una estrategia política y social, que supere a la económica en el gran proyecto de unidad, y la revisión de las condiciones de ingreso de algunos países del Este de Europa. En todo caso, y para la circunstancia concreta en que se debate la UE el autor se sitúa en una posición intermedia entre la actual de rechazo a los refugiados y la falta de respeto a la legislación internacional y la promulgada por algunas organizaciones humanitarias de apertura total de las fronteras a quienes acuden con la intención de vivir entre nosotros.

El resurgimiento del fascismo en Europa ha dejado de ser una hipótesis para convertirse en una amenaza real. En este análisis de Nair, en su cuidado relato cronológico, en su permanente denuncia, en la valiosa documentación que aporta y en su apuesta por soluciones que considera alcanzables y reales, se evidencian argumentos y puntos de vista suficientes para que ese terrible vaticinio, con el concurso de todos, no llegue a hacerse, nunca, realidad."

Manuel Díaz Olalla
Santiago de Cuba, 5 diciembre de 2016