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domingo, 30 de agosto de 2026

Mapa infantil de antiguos sonidos de Hacinas (II) (entrada en el blog "Congo o carabalí")

 


Después de la manta imprevista y abundante, sin aviso para tocar un tentenublo, don…don…don, ni para subirse a un testero por si acaso, el escenario quedaba de nuevo montado para las picias que el mocarrón estuviera dispuesto a protagonizar y que, para sorpresa de nadie, podían abarcar desde ponerse como unas barrederas haciendo barruches en algún charranco adobillado a charcalear a gusto en el primer recalzadero del camino, clas, clas, clas.

No era raro que, escampando, se oyera por calles y plazuelas los rebuznos, hiaa, hiaa, mezclados con el trote cansino y empapado de las burras que venían del lavadero con su carga de ropa mojada, o el chirriar de la rueda de alguna carretilla con la misma carga, güi-güiiii-güi, acompañados de los comentarios de las mujeres, también caladas, que renegando volvían a casa tras la dura jornada de Fuentepeña.

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domingo, 12 de abril de 2026

Mapa infantil de antiguos sonidos de Hacinas (I) (entrada en el blog "Congo o carabalí")

 


Hay pocas cosas tan identificativas como la voz humana, que es resistente al paso del tiempo, y pocos sentidos tan evocadores como el olfato. Un olor borrado, un aroma archivado en algún espacio virtual del córtex cerebral y sentido nuevamente es capaz de desatar una cascada de recuerdos, sentimientos y emociones que hasta ese momento permanecían agazapados en lo más profundo del olvido. Quizás tan solo el oído le haga la competencia, es un decir, en esa capacidad de devolvernos a sitios y momentos que teníamos enterrados en lo más desconocido de nuestra memoria. Como un olor, un sonido quizás no escuchado en mucho tiempo nos puede devolver sin pretenderlo a un momento o a un lugar del que no constaba registro previo.

Con frecuencia cierro los ojos y repaso algunas escenas de mis años de infancia y adolescencia en Hacinas y me sorprendo de que lo más nítido que siento son los ruidos y sonidos de cada momento del día, algo irrepetible, pues, como si de un ejercicio de arqueología mental se tratara, en su mayoría ya no existen, solo viven en nuestros recuerdos, como vestigios de un pasado que no volverá. Y no lo hará porque quienes los producían o provocaban ya no están o están en desuso.


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lunes, 22 de diciembre de 2025

Remate final (entrada en el blog "Congo o carabalí)

 


Lo mejor es no perder la perspectiva, comprender siempre donde estamos ubicados, en qué momento vivimos, cuáles son los antecedentes y, aunque sea con el rabillo del ojo, mirar hacia adelante para calcular en términos realistas el tiempo del que, razonablemente, disponemos. Lo digo porque, indudablemente, los de mi generación afrontamos la última etapa de la vida y eso, queramos o no, nos obliga a reconfigurar de alguna forma nuestro propio papel en el mundo y nuestras relaciones con los demás.

Es un hecho, ya podemos ir firmando que muchas metas que alguna vez nos propusimos no las alcanzaremos: no hablaremos inglés a la perfección si ya no lo hemos hecho, no jugaremos en primera división, no tendremos una banda de rock and roll con la que tocar por las noches en locales de mala nota ni nos concederán el Nobel de Física. “Ni falta que nos hace” dirá más de uno y, si lo dice, tampoco le faltará razón.

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