Mostrando entradas con la etiqueta Siria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Siria. Mostrar todas las entradas

lunes, 19 de octubre de 2015

"¿La crisis de los refugiados?" No! Más bien La Crisis de Europa

(Entrevista realizada para la sección "Temas candentes" de la revista "Temas para el Debate" nº 251, Octubre de 2015. Reproducida por "Actualidad Humanitaria", 19 de Octubre 2015)



1.- ¿Qué medidas debe poner en marcha la Unión Europea para solucionar el actual problema humanitario de los refugiados? 
2.-. ¿La situación actual debe enfocarse desde el punto de vista del control de fronteras dentro de la Unión Europea, o son necesarias otras políticas? ¿Qué políticas? ¿Se están respetando en Europa las normativas vigentes de asilo y refugio?
3.- ¿Deberían emprenderse nuevas iniciativas en este sentido? ¿Cuáles?
4.- ¿Cómo valora la posición que está manteniendo el actual Gobierno de España en esta crisis? ¿Qué tendría que hacer?
  


1.- La atención humanitaria a los refugiados que vagan por Europa o a cualquier victima que la necesite, es lo prioritario, como en cualquier crisis. Alimento, abrigo, techo mínimo, asistencia sanitaria y saneamiento ambiental son las primeras y más urgentes necesidades a atender. En este momento los principales objetivos de la misma no pueden ser otros que la supervivencia de los afectados, aliviando su sufrimiento, acompañándoles en el éxodo y asegurándoles unas mínimas condiciones de vida acordes con la dignidad humana. Se debe dar respetando los principios humanitarios que son un resumen de los derechos humanos y del derecho internacional. Por ello se debe poner a disposición de quienes la necesiten por humanidad, con la única intención del auxilio, sin pretensiones de devolución o contrapartidas ni ahora ni en el futuro, debe ser universal (no puede haber fronteras cuando se trata de atender a las víctimas y, si las hubiere, prima el derecho de ellas a ser atendidas), e imparcialidad (sin importar quiénes son, etnia, raza, religión, ideas o pasado), el que la brinde debe ser independiente de el que la provocó y  debe contar con la aceptación de los beneficiarios.  En este momento, y como no se le escapa a nadie, Europa cumple muy pocos de los mínimos básicos requeridos, tanto por su gran responsabilidad en la provocación del desastre como por su cicatera respuesta actual, por lo que la atención debería ser coordinada por una organización supra-nacional (la ONU o alguna de sus agencias, como el ACNUR) debiendo quedar la asistencia directa en manos de organizaciones independientes (ONG’s). 

Continuar leyendo en "Actualidad Humanitaria" pulsando este link: 
http://bit.ly/1OObIHG

miércoles, 9 de septiembre de 2015

La crisis de los refugiados en Europa: no hay ayuda humanitaria sin denuncia



En Mayo de 1995, en plena guerra de los Balcanes, los bombardeos del ejército croata expulsaron de sus casas y sus pueblos a 250.000 serbios que vivían en la región de la Krajina, mientras eran desposeídos de todas su propiedades. La “Operación Tormenta”, como se conoció esa acción bélica, está catalogada como la mayor actuación de limpieza étnica ocurrida en Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. En el curso de las intervenciones de Ayuda Humanitaria a la población que huía hacia Banja Luca (Bosnia Herzegovina) en las que tuve el privilegio de participar como miembro del equipo de MDM internacional, localizamos el que ha sido considerado como el mayor grupo de refugiados estables ubicado de forma espontanea en el viejo continente desde la última gran guerra: el formado por los 20.000 musulmanes leales a Fikret Abdic que huyeron desde la ciudad de Velika Kladusa a la zona vecina de Croacia, instalándose en un valle cercano a la ciudad de Kuplensko, cerca de Vojnic, donde les encontramos.

Salieron despavoridos por temor a las represalias del ejército de Bosnia-Herzegovina cuando el gobierno bosnio y las tropas croatas se apoderaron de la región, y cuando les localizamos estaban sitiados por estas tropas, quienes incumpliendo los acuerdos de Ginebra no habían comunicado su existencia, impidiendo de todas las formas posibles que cualquier tipo de ayuda llegara hasta ellos. Se trataba lisa y llanamente de que escogieran entre morir de hambre, sed y enfermedades o retornar a sus casas. La denuncia internacional que, junto a la Cruz Roja , realizamos en Zagreb al día siguiente de su localización (acaba de cumplirse 20 años de ello) visibilizó los problemas y las necesidades de supervivencia de esas personas, facilitó la llegada de ayuda internacional, creó las bases sobre las que se fraguaron los acuerdos que consiguieron su regreso con garantías y, junto a otras intervenciones en el mismo sentido, propició que, años después, el Tribunal Penal Internacional para la Guerra de la antigua Yugoslavia juzgara y condenara a los criminales de guerra que habían provocado tanta muerte y dolor en la población inocente: desde Gotovina a Babiç, pasando por el ex-presidente croata Tudjman.

En la concepción del moderno humanitarismo nadie discute que una intervención no es aceptable si la atención no va acompañada de la denuncia de quienes provocan el sufrimiento de la población. Hay que ser la voz de las víctimas, nos han dicho, sobre todo cuando estas no pueden levantarla. La justicia forma parte de la acción humanitaria, es un derecho de quienes son bárbaramente castigados y el silencio o la imparcialidad malentendida, la que se interpreta como “no tomar partido”, son siempre cómplices de los verdugos. Mientras pienso en ello veo cómo, dos décadas después de aquéllos penosos sucesos que acabo de relatar, esos tristes records han sido fulminados en pocos días en Europa. Varios cientos de miles de refugiados o aspirantes a serlo, triste anhelo, vagan, o sueñan con hacerlo, por una Europa insolidaria y cruel que les rechaza después de haber contribuido tanto y tan eficazmente a su desgracia. En algún país, como en Hungría, se les confina ya en campos de internamiento que remedan malos vestigios de la época más oscura de este continente, mientras se construyen a toda prisa vallas sobre alambradas para evitar que sigan llegando. Proceden, nos dicen, de Siria, de Irak, de Afganistán, de Libia o de Eritrea, y uno se pregunta cómo y por qué han llegado hasta aquí. Conviene no perder la memoria.

(Para continuar leyendo clickar más abajo)