martes, 19 de febrero de 2019

Venezuela: la Ayuda Humanitaria concebida para otra cosa


No se puede considerar ni denominar “Ayuda Humanitaria” al pretendido envío de productos de primera necesidad impuesto por otros países a Venezuela. Tal calificación, según el Derecho Humanitario Internacional, los Principios Humanitarios y los que rigen las relaciones internacionales, tal como se recoge en la Resolución A/RES/46/182 de la 78a sesión plenaria de Naciones Unidas de 19 de diciembre de 1991, solo puede asignarse a la ayuda que comprenda determinadas condiciones y sólo a ella.
La ayuda debe brindarse ajustada exclusivamente a las necesidades de la población en situación límite y no puede contemplar ninguna condicionalidad ni buscar otros objetivos. El objetivo de la acción humanitaria es proteger la vida y la salud y garantizar el respeto a los seres humanos (Principio de Humanidad), además de ser autónoma de los objetivos políticos, económicos, militares o de otro tipo que cualquier agente pueda tener respecto a las zonas donde se estén ejecutando medidas humanitarias (Principio de Independencia). Según parece ningún organismo independiente ha evaluado la situación de la población venezolana más castigada por la crisis y por las noticias que tenemos la condicionalidad y otros objetivos espurios están en la base de la propia y pretendida ayuda: servir de propaganda antigubernamental para cambiar el escenario político intentando crear a partir de su distribución una legitimidad paralela. Es decir que esta colaboración intempestiva se pretende por y para satisfacer otros propósitos mal disimulados y nada humanitarios de una de las partes en litigio, como es el cambio de gobierno, imponiéndosela a la otra que la rechaza, contraviniendo de esta forma las normas elementales que regulan este tipo de iniciativas internacionales. No solo eso sino que esta última evidencia nos lleva a concluir que puede generar más división, tensión y violencia, lo que es exactamente lo contrario de lo que deben buscar estas iniciativas, que no es otra cosa que salvar vidas, curar enfermedades y aliviar el dolor de las víctimas.
Para que se ponga en marcha la “Ayuda Humanitaria” debe ser solicitada por el gobierno legítimo del país afectado cuando comprende que la situación excede sus propias capacidades de solución o, en caso de que el gobierno no exista o haya colapsado, deben impulsarla los organismos de la ONU que tienen encomendada esa función. El gobierno legítimo de Venezuela es el que preside el Sr. Maduro porque así lo reconocen las Naciones Unidas, la OEA y hasta la UE-28, toda vez que los países que dentro de la Unión lo desconocen no han logrado el consenso necesario para alcanzar una postura unánime y, en este caso, aquél gobierno la rechaza por innecesaria e injerencista, señalándola como un componente más, y perfectamente planificado, del movimiento multifactorial que busca cambiar el sistema político venezolano desde el exterior. 
Los actores humanitarios no deben tomar partido en las hostilidades ni en las controversias de orden político, racial, religioso o ideológico (Principio de Neutralidad) lo que tampoco parece cumplirse en este caso pues en ningún momento se ha disimulado la preferencia de quienes la exigen y la pretenden introducir en Venezuela (particularmente USAID, el organismo de los EEUU que se dedica a la cooperación al dictado del gobierno de aquél país) por el autoproclamado presidente Guaidó. Desde los albores del humanitarismo moderno son conocidos los frecuentes intentos de las partes involucradas en los conflictos por controlar la ayuda para, de esta manera, premiar a los suyos y castigar a los contrarios, incumpliendo así otro de los principios elementales de esa misión solidaria, el de la Imparcialidad, que nos exige que la acción humanitaria deba llevarse a cabo en función de la necesidad de la población, dando prioridad a los casos más urgentes y sin hacer distinciones sobre la base de la nacionalidad, raza, sexo, creencias religiosas, clase u opinión política. Sobre el anunciado y flagrante incumplimiento de este principio por parte de quienes promueven esta iniciativa no hay que extenderse mucho más.
Hay otro aspecto que no es baladí y que también se vulnera en este caso, el del respeto a las víctimas, que contempla, entre otras cuestiones, que es gravemente atentatorio contra su dignidad el hecho de que quien proporciona la ayuda sea el que ha infligido el daño. Los países más activos en este intento de imposición de ayuda (EEUU y el denominado “grupo de Lima”) son quienes más severamente han castigado al pueblo venezolano con las sanciones y el bloqueo comercial que le aplican desde hace algunos años. Esta conclusión es general entre los observadores internacionales de la crisis y ha sido expresada muy especialmente por el expresidente del gobierno español Rodríguez Zapatero, buen conocedor de la realidad de aquél país.
No hace falta extenderse más para concluir que lo que se intenta aplicar a Venezuela con el falso señuelo de la “Ayuda Humanitaria” es uno más de los múltiples métodos que están ensayando algunos países para cambiar a su gobierno legítimo e inmiscuirse en sus asuntos internos. Quienes lo promueven no son independientes, ni neutrales en el conflicto, ni entre sus objetivos figura de forma preeminente aliviar la situación de necesidad de las personas afectadas por la crisis, pues contemplan otros objetivos más ajustados a sus intereses. Si realmente les moviera la atención a la necesidad extrema de la población, seguramente empezarían por dirigir esa ayuda a sus propios países, pues según la CEPAL Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador y Perú exceden la mortalidad infantil de Venezuela, duplicándola estos dos últimos, que son los mismos que superan en mucho la tasa de desnutrición crónica en niños de aquél país. A cualquiera le sorprende que estos mismos países se muestren tan complacientes y poco “invasivos” ante situaciones humanitarias mucho más dramáticas en la propia América Latina, como es el caso de Haití, ni que lo hayan sido en otras épocas en que la situación de Venezuela ha sido objetivamente mucho peor, precisamente cuando gobernaba la llamada oposición democrática que ahora lidera Juan Guaidó: la prensa de Caracas del 21 de noviembre de 1998 informaba que según datos de organismos internacionales en aquél país un 85% de las personas vivía en situación de pobreza total y un 45% en pobreza extrema. 
Es extraordinariamente grave que se utilice la simbología, la nomenclatura y los conceptos propios del humanitarismo para otros intereses que no sean exclusivamente la supervivencia y el bienestar de las personas: a los ojos de muchos se convierte la ayuda en sospechosa y los trabajadores humanitarios en potenciales enemigos. Las consecuencias que ello tiene y tendrá en el futuro pueden ser devastadoras y quienes sufrirán sus efectos serán los más débiles. De la misma forma que es profundamente irresponsable poner a los organismos multilaterales pensados para la paz al servicio de la guerra. La “Ayuda Humanitaria” a la fuerza que se intenta imponer ahora fue planeada en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas a propuesta del llamado “grupo de Lima” y con el insólito y entusiasta apoyo del gobierno español del Sr. Sánchez, en septiembre de 2018. Asistimos por tanto a otro capítulo de una estrategia con perfecta planificación en la que cada cual asume su papel, que no busca, como se ha dicho, prioritariamente el bienestar de los venezolanos sino el cambio de su legítimo gobierno para controlar y apoderarse de sus recursos. 
No basta con proclamar a los cuatro vientos que se rechaza una salida violenta a la crisis si se trabaja para lo contrario. Y apoyar a una de las partes, precisamente la que reclama permanentemente una sublevación militar y una invasión extranjera, como hace el autoproclamado Guaidó, en vez de sumarse a países como Uruguay o México que proponen diálogo, no es precisamente luchar por la paz y el entendimiento. Por mucha “Ayuda Humanitaria” con la que quieran disfrazar sus auténticas intenciones. 
Manuel Díaz Olalla
Sociedad Española de Medicina Humanitaria (SEMHU)
(Publicado en febrero de 2019 en el Diario Público y en Actualidad Humanitaria)

martes, 2 de octubre de 2018

La cocina del CIS y El Objetivo de la Sexta



En el espacio televisivo de la Sexta “El objetivo” del pasado domingo 30 de septiembre, se habló de los recientes resultados que sobre intención electoral ha presentado el CIS en su último barómetro. En ese programa se anunció que este centro a partir de ahora informaría solo de la intención de voto directo declarado que manifiestan las personas encuestadas y no de las estimaciones que del mismo se deducen en las personas que no reconocen directamente si piensan ir a votar o a qué partido lo harán.

Estas estimaciones que se hacen a partir de cierto modelo predictivo de dudoso rigor, escasa validez y desconocida actualización, imputa una elección concreta a la persona encuestada que no declara su intención directa de voto y se basa en deducirlo a partir del recuerdo que manifiesta de lo que votó la última vez o, si no lo recuerda, de hacia quiénes muestra simpatía, aunque no haya decidido apoyarles con su voto. Las previsiones finales de resultados se fijan sumando a la intención directa de voto declarado a cada partido esta otra deducción, por lo que se ve, poco consistente. Es lo que se conoce como “cocina” de la encuesta, de forma errónea, pues la “cocina” a la que modestamente sometemos a veces a los resultados de nuestras encuestas se trata de algo mucho más serio y científico.

Cocinamos nuestros datos cuando en lugar de contar que menos de la mitad de los encuestados, por ejemplo, cree que la asistencia sanitaria pública ha mejorado en Madrid en los últimos años, explicamos que la mayoría de los madrileños considera que no lo ha hecho. ¿Tendencioso?, pudiera ser, pero serio, riguroso e intachable. Y sin engañar a nadie. Pero adjudicar el voto a una opción electoral a una persona que no lo ha decidido simplemente porque una vez lo hizo es, además de negarle a la gente la posibilidad de rectificar, inventarse mucho más de lo que la ciencia y el sentido común aconsejan. De ahí a mostrar unos previstos resultados electorales como le gustaría que fueran al que encarga o hace la encuesta y no como la gente opina, hay solo un paso. A eso se le llama manipular y se hace con toda intención y descaro porque las previsiones electorales han pasado a ser un elemento más de la lucha electoral que modula y modifica la intención de voto real de la gente.
El genial Forges

Y eso sin contar el común error de generalizar las previsiones al conjunto del cuerpo electoral a partir de muestras mal seleccionadas y escasas, como si la incertidumbre atribuible al método de muestreo o al volumen de la muestra fueran excentricidades de los investigadores o cuestiones que no merece la pena tomar en consideración. Con esos juncos no se pueden hacer buenos cestos. O al menos que resistan. Y por no hacerlo, no soportan ni los propios resultados de la noche electoral. Y al fin, cuando por la cocina intencionadamente manipuladora (sesgo de información), la metodología incorrecta en la recolección de la muestra (sesgo de selección) o la falta de consideración a los intervalos de confianza con que la ciencia exige acotar la inseguridad de un valor obtenido de esta manera a la hora de inferirlo a la población de la que procede, es cuando los popes de la sociología y los gurús de las empresas de opinión se despachan señalando a los votantes como responsables últimos del error cometido: no hay duda, la gente vota lo que le da la gana y no lo que le señalan las encuestas.

En el programa televisivo citado se criticó duramente la decisión del nuevo equipo directivo del CIS de eliminar a partir de ahora la cocina y mostrar sólo los datos de intención directa y reconocida de voto. Como una muestra indeleble de la nueva manipulación que se quiere imponer desde el organismo público, por ignorancia o por mala fe, se denostó una iniciativa que solo puede mejorar el conocimiento de la opinión electoral de los ciudadanos, haciéndolo más aséptico, riguroso y serio.  

Para remarcar la supuesta incongruencia de los nuevos gestores se mostró una entrevista a José Blanco de hace unos años, cuando el PSOE estaba en la oposición y el CIS lo dirigía alguien tan “inocuo” como un hermano del ministro Montoro, en la que el dirigente gallego criticaba los resultados de una encuesta del CIS sobre intención electoral porque los fogones de la cocina a la que habían sometido a los resultados “brutos”, los hacían casi irreconocibles. Salieron muy chamuscados aunque, eso sí, arregladitos para confundir a la gente en función a los objetivos hegemónicos del PP.  Nada que ver esto con aquello, creo yo, señora Pastor: aquello era cocina manipuladora de la buena, esto de ahora es un intento de eliminarla. A ver si lo consiguen, porque esos trabajos los pagamos todos.

Pintó un gran humorista gráfico una viñeta en la que dos personas hablaban, y una le decía a la otra: "Bueno, pues si las estadísticas no mienten...", a lo que la otra contestaba; "Mienten", y la primera, con rictus de desilusión, apostillaba:"Pues entonces, nada"".

Pues eso.


Manuel Díaz Olalla

martes, 14 de agosto de 2018

La crisis de Europa y los refugiados: in memoriam Samir Amim

Samir Amín, fotografía tomada de "Página 12"


El extraordinario pensador marxista, economista y politólogo Samir Amin, falleció el 12 de agosto de 2018 en París. Reproduzco aquí una breve reseña sobre su libro "Refugiados", que escribí para la revista "Temas para el debate", publicada el 19 de enero de 2017, en recuerdo y homenaje al gran humanista. Sus ideas, como se ven, están más vigentes que nunca


"Este libro del conocido Catedrático de Ciencias Políticas francés de origen egipcio, ex-eurodiputado y Consejero de Estado de la República Francesa Sami Nair, es una apretada aunque completa disección de la realidad política europea de los últimos años, esa que ha desembocado en la actual y vergonzosa crisis de los refugiados, que junto a las otras dos grandes y recientes crisis europeas, la del euro y la del BREXIT, conforman los más claros exponentes del nivel de desnaturalización al que ha llegado el maravilloso proyecto fundador de Europa. A nadie le puede extrañar ya, y a la vista de lo que sucede, el enorme desapego que manifiesta una gran parte de la población europea a la idea original que impulsó la Unión, ni el auge de todas las expresiones de euroescepticismo, de las que las más graves y peligrosas son, no hay duda, el resurgimiento de los movimientos filofascistas y xenófobos por todo el continente.

Nair sitúa la raíz de lo que califica como la mayor crisis humanitaria en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, en las circunstancias demográficas, tan contrapuestas, entre el Sur de Europa y el resto del mundo al Sur y al Este del Mediterráneo. El continente rico, en recesión, y los demás en crecimiento exponencial. La gravedad de esta divergencia, la profundidad de esta brecha, se hace abismal si anotamos que sobre ella las realidades económicas son también opuestas aunque, en este caso, en sentido contrario, es decir, los países emisores de refugiados y emigrantes viven sumidos en la pobreza o, en el mejor de los casos, en el estancamiento económico, mientras que, al otro lado, la riqueza, en especial para algunos, ha aumentado vertiginosamente. La grieta, por tanto, se ahonda más. La situación de guerra y violencia que sufren los principales emisores de refugiados (Siria sobre todo, pero también Libia, Afganistán, Irak o Eritrea) ha provocado el agravamiento reciente del problema migratorio existente, por lo que el perfil mayoritario de quien llama a las puertas de Europa en la actualidad no es el de emigrante económico, sino el de solicitante de asilo y protección.

En los últimos años, explica Nair, y para proteger el mercado laboral de la UE preservándolo sólo para los europeos o, en todo caso, para que las sobras, si las hubiere, se pudieran ofertar exclusivamente a los no comunitarios ¨cualificados¨ (bello eufemismo para denominar el robo de profesionales formados con gran esfuerzo por los países en desarrollo), aparece el tratado de Shengen y Europa decide ¨externalizar¨ la gestión del flujo exterior de personas, encomendando dicha gestión a países terceros ¨no seguros¨, que cumplen escrupulosamente su misión (campos de internamientos, admisión inmediata de los que entraron en Europa irregularmente, control de fronteras). A cambio de ello se les asigna jugosas cantidades de euros enmascaradas en Ayuda Oficial al Desarrollo con que justificar su auténtica naturaleza, la de retribuir a los gendarmes. No importa si esos países son poco escrupulosos en el respeto a los derechos elementales de las personas, es lo de menos. El efecto inmediato más pernicioso de estas políticas, además de contravenir la legislación internacional y europea sobre asilo y refugio y de lanzar a suelo decenios de solidaridad y respeto europeo por los derechos humanos, ha sido el de invisibilizar al auténtico refugiado y solicitante de asilo, confundiéndole en el paso previo a su solicitud con un emigrante económico más.

El politólogo francés analiza pormenorizadamente el papel jugado por cada una de las naciones de la UE en la generación de la crisis y en el actual estado de cosas, destacando con claridad el cambio de postura de la canciller alemana Merkel, al paso que le han marcado sus malos resultados electorales, quien pasó de ser la más abierta defensora de los que llegaban a Europa en busca de protección a  apoyar la firma del ignominioso acuerdo con Turquía de 2016, al que denomina como el ¨Acuerdo de la Vergüenza¨. El papel de España, como comparsa que nunca se define y su escaso respeto a los derechos de quienes buscan ayuda (sucesos de Melilla, situación de los CIEs) es también destacado en este libro, casi tanto como dos hechos diferenciales indiscutibles, uno es el que denomina el fin del mítico historial de asilo de los países nórdicos y el otro, el deleznable papel, egoísta y contrario a los principio básicos de la Unión, de los recién incorporados países del Este de Europa.

Propone el autor por ello una suerte de refundación de Europa, desterrando sus más clamorosos fallos, entre los que destaca la falta de una estrategia política y social, que supere a la económica en el gran proyecto de unidad, y la revisión de las condiciones de ingreso de algunos países del Este de Europa. En todo caso, y para la circunstancia concreta en que se debate la UE el autor se sitúa en una posición intermedia entre la actual de rechazo a los refugiados y la falta de respeto a la legislación internacional y la promulgada por algunas organizaciones humanitarias de apertura total de las fronteras a quienes acuden con la intención de vivir entre nosotros.

El resurgimiento del fascismo en Europa ha dejado de ser una hipótesis para convertirse en una amenaza real. En este análisis de Nair, en su cuidado relato cronológico, en su permanente denuncia, en la valiosa documentación que aporta y en su apuesta por soluciones que considera alcanzables y reales, se evidencian argumentos y puntos de vista suficientes para que ese terrible vaticinio, con el concurso de todos, no llegue a hacerse, nunca, realidad."

Manuel Díaz Olalla
Santiago de Cuba, 5 diciembre de 2016

Cooperación en salud en situaciones de emergencias: revisando conceptos

Foto Manuel Díaz Olalla. Goma, Zaire, julio 1994

La Acción Humanitaria es una modalidad de la Ayuda Oficial al Desarrollo, diferente a la cooperación internacional y a la sensibilización, aunque relacionada con ellas. Tiene sus propias características y los actores que intervienen en ella respetan los Principios Humanitarios, que emanan del Derecho Humanitario Internacional (humanidad, independencia, universalidad, imparcialidad, competencia). Los escenarios naturales de este tipo de intervención son los desastres naturales, la violencia y la guerra, las epidemias y las situaciones en que una gran cantidad de personas están excluidas de cualquier atención de salud formal.

Las intervenciones de estas características se desarrollan exclusivamente con el objeto de asegurar la supervivencia de la población afectada (en sentido amplio: “salvar las vidas, curar las enfermedades, aliviar el dolor”) y no pueden ser objeto ni de trueque ni de devolución, como sí pueden serlo las otras modalidades de la cooperación internacional.

Desde el punto de vista técnico, una intervención de emergencia se hace necesaria cuando los sistemas locales de atención han colapsado como efecto del evento que provocó la emergencia o son incapaces de atender las incrementadas necesidades de la población afectada. El objeto inmediato de las mismas es mantener la mortalidad y la morbilidad de los afectados en los mínimos posibles.

La emergencia compleja es la que involucra importantes movimientos de la población, muchas veces como resultado de la guerra o la violencia (los desastres naturales raramente provocan esos éxodos), perdiendo servicios y medios de subsistencia, apareciendo en ese contexto con mucha frecuencia hambruna y epidemias de enfermedades transmisibles que provocan mucha mortalidad y carga de enfermedad entre los afectados.

 La salud y las probabilidades de supervivencia de una población que vive una situación de emergencia se ven muy determinadas por los sucesos que acontecen en las horas sucesivas, el impacto y la naturaleza del evento que lo provocó, los servicios de que disfrutaban las personas y su situación basal (de salud, nutricional, etc). Por lo general cuando existe una destrucción grande de infraestructuras sanitarias aparecen con facilidad brotes epidémicos de enfermedades de transmisión oral-fecal (cólera, shigelosis) y de las transmitidas por vectores (malaria, dengue, tifus exantemático), mientras que si los damnificados viven hacinados en albergues o residencias temporales con frecuencia aparecen epidemias de enfermedades que se transmiten por contacto directo o por vía respiratoria (como la meningitis meningocócica o la tuberculosis pulmonar). En todo caso el colapso del sistema sanitario con frecuencia incrementa el desarrollo de enfermedades vacunales y, en general, de las crónicas bien controladas hasta ese momento.

Las necesidades más importantes en una emergencia se establecen en estos cinco ámbitos: agua y saneamiento ambiental, salud, alimentos, techo mínimo y alimentación. De entre todas, la atención al suministro de la primera se hace imprescindible desde el primer momento. Hay que destacar que es muy importante desde el comienzo mantener una visión de salud pública a medio y largo plazo para comprender cuáles serán las necesidades de la población afectada. En este sentido, la evaluación rápida de la situación (cantidad de población afectada, grado de afectación, situación basal, estado de las infraestructuras sanitarias y disponibilidad de trabajadores de la salud) es una de las aportaciones de más fundamento que se deben tomar en los primeros momentos y la puesta en marcha de actividades de control epidémico, un asunto básico para la atención. Las vacunaciones, el suministro de agua tratada, la eliminación de excretas, el tratamiento de los problemas de salud que se presenten, tanto si son transmisibles como si no lo son, la lucha antivectorial y la vigilancia epidemiológica son actividades de primera línea que casi siempre hay que acometer para la adecuada atención a la población. Esa atención debe ser siempre de calidad y existen múltiples manuales surgidos de los consensos y la experiencia de todos los actores involucrados (agencias de ONU, ONG’s, clúster de salud, autoridades locales) en los que se detalla lo que debe ser una intervención humanitaria adecuada (normas mínimas).

Con frecuencia en todos los ámbitos de la cooperación, incluido en el de la salud, la atención aguda, la inmediata, la que tiene que ver con el socorro y el rescate, es, para muchos, la básica para la población afectada. Se olvida por ello la visión a medio plazo y las necesidades de los que no sufrieron los peores efectos del embate agudo pero que han visto muy mermadas sus fuerzas y sus capacidades. Ese momento es solo el inicio de un ciclo que determinará el tipo  intervención, que será cambiante en el tiempo: se trata del continuum y asegura que después de la respuesta inmediata debe seguir la rehabilitación, la reconstrucción, la prevención de riesgos y la mitigación.

El abordaje de las emergencias desde el punto de vista preventivo requiere comprender que la vulnerabilidad de la población es un elemento que se combate incrementando las capacidades de  la misma, tanto por la formación específica como acometiendo políticas adecuadas desde los Estados. En todo caso la escasez o precariedad de los servicios públicos es un factor de riesgo muy importante para la población que recibe el impacto de un fenómeno natural o de la violencia.

La aparición de determinados brotes infecciosos también está relacionada con el tipo de fenómeno que provoca la emergencia, si bien en las emergencias complejas son siempre más frecuentes. En general y refiriéndonos a los naturales, los que producen más mortalidad inmediata son los terremotos y los tsunamis, mayor cantidad de heridos los primeros y  mayor probabilidad de hambrunas los segundos y aquéllos en los que se dan grandes desplazamientos de población (población desplazada o refugiada). Casi todas las víctimas de los conflictos registrados en los últimos decenios en África son el resultado inmediato del desplazamiento masivo de población y la hambruna. La mayoría de ellos fallecieron, además de por la desnutrición, por diarreas, infecciones respiratorias, sarampión y paludismo (80-90% de las víctimas).

La cooperación en situaciones de emergencia debe incluir con frecuencia, además de la atención urgente (asistencia a los heridos, cuidados traumatológicos y quirúrgicos), la psicológica (el estrés post-traumático), la ginecológica y la de salud pública, como ya se dijo. A medio plazo, y en la medida en que pudieran aparecer los problemas infecciosos, frecuentemente en forma de epidemias, y se descompensaran los crónicos previamente controlados, la escasez de alimentos puede producir desnutrición que a veces es grave, en especial en el caso de los niños. Por ello es muy conveniente monitorizar la situación ponderal de los pequeños, al menos a través de alguna encuesta a una muestra de los que acuden al sistema de salud. La medida del perímetro braquial (MUAC), primero y el cálculo de los indicadores de peso para la talla, talla para la edad y peso para la edad podrán informar sobre si existe una situación grave de desnutrición en cualquiera de sus formas (marasmo, kwashiorkor) y cuál era la situación previa, así como determinar si se debe hacer una intervención comunitaria en el ámbito de la distribución de alimentos, además de  la detección y el tratamiento enérgico de los casos de desnutrición.


Manuel Díaz Olalla
Introducción a la sesión del mismo nombre de la II edición del curso "Salud global y cooperación internacional", ENS
Abril, 2018


Nueva entrada en el blog "No le digas a mi madre" : Esperanza de Vida en la ciudad de Madrid, desigualdades y su relación con el nivel socioeconómico, nuevas aportaciones a un viejo dilema


La esperanza de vida al nacer (EV) es el indicador integral de la salud de una población más conocido y fiable. Paradójicamente se elabora a partir de los datos de mortalidad y su uso se ha generalizado en los últimos años.

Presenta la característica de que es comparable entre distintas poblaciones y que su significado es generalmente comprensible. Por ello refleja bien las desigualdades sociales en la salud, permitiendo el seguimiento de su evolución.
El informe Black (Reino Unido, 1977) fue el primero en dar visibilidad a esas desigualdades al demostrar que la mortalidad de los profesionales y directivos británicos era un 50% menor que la de los trabajadores manuales, hasta tal punto que si estos hubieran tenido las mejores tasas de mortalidad de que disfrutaban aquéllos se hubieran registrado en Inglaterra 74.000 fallecidos menos entre 1972 y 1974.
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domingo, 11 de marzo de 2018

Atención Primaria de Salud más necesaria que nunca, versión 2018 (a los 40 años de la Declaración de Alma-Ata) (nueva entrada en el blog "No le digas a mi madre...")




Tengo que reconocerlo de una vez: soy muy fan de la Declaración de Alma-Ata. Tanto, que más de una vez he tenido que soportar bromas y chanzas de compañeros y alumnos por ello.

- ¡Otra vez este pesao con Alma-Ata! ¡Que te estás quedando desfasado, que aquello pasó a la historia, que hay que avanzar…!


Y, la verdad, es que me desespero intentando sacarles de su error. Porque no puede quedarse anticuado lo que nunca se pudo desarrollar como se había planificado. Pues lo cierto es que en el complejo escenario de las relaciones internacionales no se ha consensuado nunca un listado más avanzado que ese de propósitos para la salud y el bienestar de las personas. Juzguen si hay, o no, razones.

(Para seguir leyendo clique aquí:   http://bit.ly/2FvCBnO )