Este informe del Banco Mundial sobre investigaciones relativas a las políticas de desarrollo que se realizan en todo el mundo con sus fondos se enmarca en la difícil, pero apasionante, tarea de averiguar si lo que hacen los agentes de cooperación sirve para alcanzar las metas que se proponen o, al menos, si vale para algo. Es una labor ardua que ha preocupado siempre a cooperantes, donantes de fondos, beneficiarios y, en un contexto más amplio en este marco actual de crisis económica, al público en general.
Hay pocos estudios que aporten con claridad luz a la hora de evaluar el impacto de estas políticas en la vida de la gente y, cuando lo que persiguen es reducir la pobreza, en el bienestar de los más desfavorecidos del mundo.
Desde las históricas y desalentadoras primeras evaluaciones serias realizadas sobre el impacto del trabajo de la ONG’s de desarrollo (Gran Bretaña 1990-1992; Países Bajos 1990-1991; Suecia 1994-1995) en las que se evidenció que las intervenciones realizadas tenían valor a la hora de alcanzar objetivos locales e inmediatos pero contribuían muy poco a alcanzar los más globales de reducción de la pobreza (comprendida en su sentido multifactorial) o de empoderamiento de los más pobres (consultar a este respecto el libro “Compasión y cálculo” de David Sogge -ed.-, en Editorial Icaria, 1996), no se había realizado un trabajo tan interesante como este. Por ello su lectura es indispensable para quienes trabajan en cooperación desde cualquiera de sus áreas (multilateral, gubernamental, ONG’s) y desean conocer, desde el abordaje científico, la eficacia y el auténtico alcance de sus esfuerzos.
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