… y como tal deben ser perseguidos según el Derecho Internacional Humanitario
y las diferentes Convenciones de Ginebra.



Tras las elecciones Presidenciales del 14 de Abril en Venezuela,
cuyo resultado no ha sido reconocido por el principal candidato opositor y tras
los llamamientos de este a sus seguidores a manifestar la protesta en la calle,
grupos de personas han asediado y destruido diversos Centros de Diagnóstico
Integral construidos por el gobierno bolivariano, donde se brinda
atención de salud a personas humildes que nunca disfrutaron de la
misma, a la vez que han atacado a personal de la salud, muchos de ellos médicos
cubanos, que trabajan para esa población en virtud de los acuerdos de
cooperación entre ambos países. Esta colaboración es, por lo tanto y
estrictamente, Ayuda Humanitaria Internacional pues se desarrolla para asegurar
un derecho humano fundamental, el de la salud, a una población en situación
extrema de exclusión de cualquier sistema de atención. Este escenario,
junto con el configurado por los efectos en la población de los desastres
naturales, la violencia y las epidemias justifica la prestación de Ayuda Humanitaria,
quedando definido por estas circunstancias claramente los espacios naturales de
este tipo de intervención.
Como en otros casos conocidos, se trata de atentados que no buscan
sólo causar daño a los cooperantes y a la ayuda que ofrecen, sino que persiguen,
ante todo, que cese la misma con el objeto de perjudicar a la población necesitada
para que vuelva a instaurarse la situación de injusticia previa y la exclusión
de todos aquéllos cuyos derechos estaban siendo habilitados. En todo caso aquí,
como en otros ataques, es necesaria la denuncia de las organizaciones
internacionales exigiendo la actuación de las autoridades con diligencia para
que se ponga a disposición de la justicia, nacional o internacional, a quienes cometen
estos hechos execrables y a quienes los instigan.
La Ayuda Humanitaria de Cuba a Venezuela, un modelo mundial de lo
que se ha venido en llamar “Cooperación Sur-Sur”, se sitúa en la base de los
enormes logros en la mejora de la salud y el desarrollo alcanzado por este país
en los últimos años, documentados y reconocidos en todas las instancias
internacionales, que benefician de forma nítida a los grupos más necesitados, logrando
por ello una nítida reducción de la pobreza y de la desigualdad tanto en la
salud como en las condiciones de vida de la población venezolana. Todo ello es,
en la actualidad, un auténtico modelo a imitar por muchos países del mundo en
su batalla por la justicia social y por la consecución de los Objetivos de
Desarrollo del Milenio.
La noche del 16 de Abril pude conectar por skype con un buen amigo, médico cubano, que trabaja en Venezuela desde
hace dos años en una zona rural muy abandonada históricamente y pude percibir,
mientras me hablaba, cómo estaban viviendo él y sus compañeros esos acontecimientos
inciertos y el temor contenido que sentían por lo que pudiera pasarle a ellos y a los
pacientes que atendían en su centro. Pocos saben la enorme labor que realizan
todos estos trabajadores humanitarios para mejorar la salud de una población
invisible y olvidada históricamente tanto por las autoridades como por muchos
médicos venezolanos, los mismos que se escandalizan ahora porque otros trabajen
para atender las necesidades de millones de sus compatriotas proscritos por el
sistema y por ellos mismos.
Por un momento no pude evitar recordar conversaciones que he mantenido
otras veces en mi vida con compañeros que en Congo, en la Selva de Chiapas, o
en algún suburbio de Dili-Timor, agazapados como mi amigo cubano en la calma
tensa de una noche de violencia, han temido por su vida y por la de sus
pacientes por el gran pecado de trabajar por el derecho a la salud de la gente.
Tres de ellos, Flors Sirera, Manolo Madrazo y Luis Valtueña fueron asesinados
en Enero de 1.997 en Ruanda por un grupo de criminales que buscaban conseguir allí lo mismo que ahora quieren estos exaltados aquí: sumir a Venezuela de nuevo en la
noche oscura de la injusticia y la barbarie. Aquí como allí, les dije, no es
contra ustedes, sino contra ellos, contra los pobres y abandonados, intentando
que no disfruten de los derechos elementales de las personas, una acción
desesperada y vil que busca mantener vivo un sistema intolerable que les
beneficia sólo a ellos y jamás a la mayoría.
Es preciso que la comunidad nacional venezolana e internacional
condenen estos incalificables y delictivos actos y exigiendo que se detenga y
se ponga a disposición de la justicia a los autores de los mismos, a quienes
les azuzan y a quienes lo toleran.